Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

 La Hispanidad, firme y prometedora realidad (41)

“El Pilar de una dilatada y gloriosa estirpe” (7)

Precioso resumen y eco de la palabra pontificia sobre la conquista y colonización de América, fue la alocución que Radio Vaticano transmitió—bajo el Pontificado de Pío XII—al mundo de habla española.

Era el 12 de octubre de 1948, día de la Hispanidad. En tan señalada fecha, la Radio del Papa quiso unirse a la fiesta que en cuatro continentes celebraban más de ciento setenta millones de católicos. Antes de cerrar la emisión diaria en lengua española, Radio Vaticano transmitió a toda la Hispanidad el siguiente mensaje:

“Queridos radioyentes de lengua española: No podemos cerrar esta emisión sin unir nuestra voz al canto de la gesta que conmemora este día.

12 de octubre de 1492. Fiesta de la Virgen del Pilar, Año de la rendición de Granada. Día de la gran epopeya de los mares. Hoy se cumplen 446 años de que las proas de las naves españolas besaban, en nombre de la cristiandad, la tierra virgen de América, Colón, el adelantado de los Reyes Católicos, con carabelas de España, con marinos de España, con recursos de España, tendía el primer puente entre ambos continentes. Y cuando el primen descubridor terminó su misión, una pléyade de navegantes españoles siguió, siglo tras siglo, realizando el ideal de la conquista, formulado en el testamento de Isabel la Católica: “Atraer los pueblos de las Indias y convertirlos a la santa fe católica”. El mismo ideal en boca del gran conquistador de Méjico será dar: “Al rey, infinitas tierras; a Dios, infinitas almas”.

Muchas glorías tiene que reivindicar España en su conquista de América. Pero la mayor que nos toca exaltar en este día desde los micrófonos del centro de la cristiandad es su epopeya de catolicismo; el hecho colosal de que al siglo del descubrimiento América era virtualmente católica. Cesaron los sacrificios humanos de la barbarie idólatra; paseó el Santísimo Sacramento por las selvas vírgenes del Paraguay. Se predicó desde los pulpitos la confraternidad del blanco con el indio. España puso al servicio de la Iglesia lo más selecto de sus sacerdotes; franciscanos, dominicos, agustinos y jesuitas enviaron a América hombres de fama europea. Los monarcas y los conquistadores colaboraron con los Papas, por medio de las Leyes de Indias, con aquel su pensamiento central de la enseñanza del catolicismo y la conservación y defensa de los aborígenes. Pueblos dilatados de raza indígena se educaron en Universidades españolas, cantaron los himnos de la fe católica en magníficos templos y catedrales como la de Méjico, Las virtudes del Evangelio germinaron en aquellos pueblos, en los que España transfundió su sangre, y puso al servicio del Pontificado triple número de almas, nuevas ovejas, en lugar de las que habían arrebatado las falsas religiones.

Catolicismo es el denominador común de los pueblos hispanoamericanos que en este día celebran su encuentro el Papado romano, la forma concreta por derecho divino e histórico de la civilización, de la religión cristiana de Hispanoamérica. La unión que se exalta en este día entre las veinte naciones que constituyen la Hispanidad ha de ser para hacer prevalecer siempre los derechos de Cristo en todos los órdenes: defensa del pensamiento de Jesucristo, difusión del pensamiento de Cristo, del viejo y del nuevo, de las tradiciones exaltadas ya en tiempos pasados y de la verdad nueva que dicta el oráculo de la Iglesia a medida que el nuevo vivir crea nuevos problemas de orden doctrinal y moral. La misma moral católica que ha formado los pueblos más perfectos y más grandes de la Historia, los derechos y el prestigio de la Iglesia el amor profundo a su cabeza visible, el Papa, como único baluarte en el que encontrarán recurso y defensa los verdaderos derechos del hombre y de la sociedad. Estas son las esencias profundas que constituyen el legado de la Hispanidad”.