Dios es Nuestro Padre, creador y Señor de todas las cosas

Padre Manuel Martínez Cano, mCR.

En el Catecismo aprendimos que Dios es Nuestro Padre que está en el Cielo, creador y Señor de todas las cosas, que premia a los buenos y castiga a los malos. Nos costaba más aprender la pregunta ¿Cómo es Dios? Con los años la hemos aprendido: Dios es un espíritu eterno, inmenso, infinitamente perfecto, bueno, sabio, poderoso, justo, misericordioso, principio y fin de todas las cosas; Dios es Verdad y Amor...

Un espíritu es un ser que no necesita materia para existir. Decimos que es purísimo porque es más perfecto que las almas y los ángeles. “Dios es espíritu) (Jn 4, 24). La eternidad es duración sin principio ni fin, ni antes ni después, es una ahora permanente. La eternidad es posesión total, simultánea y perfecta de una vida interminable (Beocio). Dios es espíritu porque no tiene materia y es eterno porque no tiene principio ni fin. Dios ha existido siempre y siempre existirá. Inmensidad es infinitud de extensión espacial. Dios es inmenso porque está en el Cielo, en la tierra y en todas partes. Ante todo, creer que no existe más que un solo Dios que todo lo abarca mientras Él es inabarcable (Pastor de Hermas). Dios no está lejos de nosotros porque en Él vivimos, nos movemos y existimos (Heb. 17, 28). Dios está en todas partes por esencia, potencia y ciencia.

Dios es infinitamente bueno, santo, sabio, poderoso. Infinito es lo que no tiene fin ni límites. Dios tiene todas las perfecciones posibles en grado infinito, sin limitación alguna. Dios es infinitamente bueno porque es el supremo Bien y la misma Bondad infinita que no cesa de manifestarse su bondad y sus beneficios. “Nadie es bueno sino solo Dios” (Lc. 18, 19). La santidad de Dios no es carencia de pecado sino la imposibilidad intrínseca de pecar. “Yo soy Yahvé, vuestro Dios vosotros os santificareis y seréis santos porque Yo soy Santo (Lev 11, 4). Dios es Infinitamente sabio: Todas las cosas la hiciste con sabiduría. Está llena de la tierra de tu riqueza (Ester 14, 4). Dios es infinitamente poderoso: Nada hay imposible para Dios (Lc. 1, 37). Para Dios todo es posible (Mt. 19, 26).

Dios es infinitamente justo y misericordioso. Justo es quién tiene la voluntad constante y permanente de dar a cada uno lo que le corresponde: Justo es Yahvé y ama lo justo y los retos contemplarán su faz (Sal 11, 7). La misericordia de Dios se pone de manifiesto en la bondad de Dios que aparta a las personas de sus miserias, sobre todo de la miseria del pecado por medio de la compasión: Es benigno Yahvé para todos. La Sagrada Escritura llama la atención insistentemente sobre la misericordia divina: Es benigno Yahvé para todos y su misericordia está en todas las creaturas (Sal 103, 8).

Dios es una eterna comunicación de amor en Sí mismo. La Santísima Trinidad se ama eternamente: Dios es amor (Is 4, 8-16). El amor de Dios es eterno (Is 54, 8). Con amor eterno te he amado: Por eso he reservado gracias para ti (Is. 31, 3). A pesar de sus continuas infidelidades, Dios amó a Israel siempre. El amor de Dios es más fuerte que el de los pobres. Dios Padre por amor a los hombres entregó a su Hijo Jesús por la salvación de las almas: Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo Único (Jn 3, 16).