Sacerdote celebrando Misa de Campaña en Perú

Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

 JUAN XXIII (2)

Y en un discurso posterior, Juan XXIII volvía a posar su mirada en la epopeya misionera y en la Hispanidad, declarando que la fe es “la más preciada de las herencias legadas en los pasados siglos” a América, y que los pueblos hispanoamericanos, a quienes “Unen tantos vínculos fraternales”, quieren “servir a la gran causa de la paz en el mundo”.

“¡El Perú! Este solo nombre evoca la visión de un pueblo portador de una antigua y noble civilización; de un pueblo que, con un generoso impulso, afronta hoy los problemas que le plantea la vida moderna, y se muestra solícito por la seguridad y progreso, no sólo para sí mismo, sino para todo el continente sudamericano; de un pueblo, en fin, que de común acuerdo con los países con quienes le unen tantos vínculos fraternales, quiere servir a la gran causa de la paz en el mundo”.

“En primer lugar, Nos deseamos de todo corazón a vuestra querida patria que sepa guardar siempre intacta y que haga fructificar más cada día la más preciosa de las herencias, que le fue legada en los pasados siglos, la fe cristiana. Pues esta fe es la base de todo progreso real y de todo bienestar digno de este nombre, así como el fundamento de la paz y de la concordia nacional e internacional. Esta fe—que ha dado al Perú precisamente sus primicias de santidad en el continente americano—deseamos que penetre cada vez más profundamente en las conciencias y en las costumbres, en la vida de los individuos, de las familias y de toda la sociedad”.

(Juan XXIII, discurso a D. Manuel Prado, presidente del Perú, 22-II-1960.)

En otra ocasión, Juan XXIII expresaba de nuevo su confianza en el porvenir del continente hispano:

“El futuro de la Iglesia en los extensos territorios latinoamericanos se revela rico de inefables promesas y una firme convicción Nos dice que el espíritu y la vida católica en los países de América Latina tienen en sí energías suficientes para proporcionar las más hermosas esperanzas para el futuro. Los tesoros de bienes espirituales, derramados con tanta abundancia en el pasado y los que en el futuro se sembrarán a manos llenas, harán sin duda germinar excelentes frutos de santidad y de gracia, muy gratos para la Iglesia de Dios”.

(Discurso a los Superiores Generales Religiosos, sobre la necesidad de operarios apostólicos en Iberoamérica, 25-III-1960.)

Y Juan XXIII continúa derramando luz clarísima sobre la colonización hispánica.

“Cultivad vuestra fe, aquella fe que os trajeron heroicos misioneros de la católica España, y mantenedla siempre viva con una adecuada instrucción religiosa. Supla en este campo a la escasez de obreros evangélicos el uso inteligente de los medios de difusión de la verdad, a fin de que los embates insidiosos del “inimicus homo” hallen la puerta cerrada a la siembra de ideas que pudieran escindir la unidad de vuestra herencia católica”.

(JUAN XXIII, II radiomensaje a Costa Rica, 29-V-1960).

Pocos días después de este radiomensaje escribía todavía el Pontífice reinante:

“Amamos a España, cuya pureza de costumbres, lo mismo que sus bellezas y tesoros de arte, hemos podido admirar en los gratos viajes con que hemos recorrido sus tierras. Por eso Nos alegramos de que la España que llevó la fe a tantas naciones quiera hoy seguir trabajando para que el Evangelio ilumine los derroteros que marcan el rumbo actual de la vida, y para que el solar hispánico, que se ufana justamente de ser cuna de civilización cristiana y faro de expansión misionera, continúe y aun supere tales glorias, siendo fiel a las exigencias de la hora presente en la difusión y realización del mensaje social del cristianismo, sin cuyos principios y doctrina fácilmente se resquebraja el edificio de la convivencia humana.»

(JUAN XXIII, mensaje al Cardenal Cayetano Cicognani, representante pontificio en la consagración de la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, 6-VI-1960.)