Padre Jesús González-Quevedo, S.I.
Salamanca, 1971

Gar-Mar resume estos y parecidos portentos de la gracia ·en su primorosa sugerencia Constelaciones de santos. Son, según él, «agrupaciones de personas canonizadas, que en esta vida mortal se conocieron y se trataron íntimamente, influyendo las unas en la santificación heroica de las otras» (20). Y enumera a continuación 17 constelaciones de santos, muchos de los cuales «formaron a su vez otras constelaciones con las personas con quienes intimaban». Por ·ejemplo, San Pablo, que perteneciendo a. la constelación central, formada por Jesús de Nazaret y cuantos directamente trataron con El: «la Virgen María, San José, San Juan Bautista, el anciano Simeón, los amigos de Betania (María, Marta y Lázaro, el resucitado), los doce santos Apóstoles…, constituyó nueva constelación con «sus compañeros San Bernabé, San Clemente, San Lucas, San Timoteo, etc.».

Yo, más que de constelaciones, he hablado de verdaderos sistemas planetarios, o verdaderas: galaxias, donde alrededor y bajo el influjo de un centro poderoso se agrupan infinidad de astros o de estrellas. Cambiando de imagen, se podría hablar de un fenómeno de contagio. EI bien, mucho más poderoso que el mal (pues éste es negativo y consiste en. la carencia de la debida perfección, mientras que aquél es positivo), tiende de suyo a difundirse y origina los sucesos brevemente indicados.

Si bien lo miramos, se trata siempre de una personalidad de talla excepcional, elegida y enriquecida por Dios con abundancia de gracias y carismas que irradia de si tal cantidad de luz y de calor, que bastan a disipar las más densas tinieblas y a fundir y poner en ebullición inmensos témpano de hilo. Siempre será verdad que un santo vale más que miles de almas buenas, como un genio o un héroe vale más que miles de talentos o soldados corrientes.

Sin embargo, parece que en los planes de la Providencia divina no entra el resolver los problemas actuales por individuos, sino por asociaciones: Aunque, hoy como ayer, sin jefes no se va a ninguna parte, y hoy precisamente de la f alta de autoridad provienen nuestros gravísimos males.

Pero los signos de los tiempos eso indican, ya que el mundo evoluciona hacia formas comunitarias cada vez más amplias. Por eso, así como al falso subjetivismo e individualismo protestante opuso la Iglesia, por medio de San Ignacio Y Santa Teresa, el verdadero y católico, que promovió la piedad privad y la obediencia individual, así ahora al falso colectivismo comunista debemos oponer el verdadero y católico, que superando marcos estrechos: el propio colegio o convento, la propia orden o congregación religiosa (que será necesario conservar, fortificar y defender, según el principio de subsidiariedad, como se conservan las células para constituir organismos), se sepan agrupar para completarse y ayudarse mutuamente, y constituir asociaciones más poderosa , en provecho propio, de la Iglesia y de la Humanidad. La ida religiosa tiende a hacerse corporativa y a terminar con todo aislacionismo, como decía Sor Susana Guillemin.

Si en el orden económico nos recomienda la Mater et Magistra las asociaciones, «puesto que en nuestro tiempo la voz de uno sólo con toda razón se ha .de tener como dada al viento» (21), cuánto más necesarias serán en el orden espiritual, donde se buscan bienes muy superiores, pero que no se ven ni se palpan, y las plagas modernas: el materialismo de la vida y la contaminación erótica y sexual, harto peor que la atmosférica, tan traída y tan llevada, amenazan con esterilizar para el bien y por completo al corazón humano.

  1. 20. Sugerencias, 7ª.·ed. (Fax, Madrid, 1964, p. 141.
  2. Cf. n. 146. Véanse también los nn. 88, 143 Y 148.