chispicasPadre Martínez Cano, m.C.R.

Me acerco a un buen hombre que va con su furgoneta de venta ambulante de un pueblo a otro. Lo he visto en el mismo lugar durante varios años. Ahora no puede estar en ese lugar. Me dice: “lo ha prohibido el nuevo alcalde. El de los obreros. Con el anterior estuve allí doce años. Pero en las próximas elecciones ya veremos. En mi familia tenemos dieciocho votos”. Soberanía popular que es la gran mentira.

Le di medallas de la Milagrosa y estampas con el rosario y la Virgen de Fátima. Y me lo agradeció vivamente.

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Estoy en la plaza mayor de un pueblecito de la Sierra de Cuenca. Se me acerca dos niñas, son de primero de primaria y gemelas.

Le doy medallas milagrosas. Se van y vuelven enseguida. Quieren más medallas para las amigas.

Sorpresa. Van al colegio San Gabriel de Barcelona. Muchos años he estado por ese barrio haciendo apostolado. Nos despedimos en catalán.

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El Salmo 103 exclama: ¡Dios mío qué grande eres! Te viste de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto: “¡Qué grande eres Dios mío!” ¡Qué bonito y tierno!: Tras la mirada sonriente de un bebé en brazos de su madre: ¡Qué grande y hermoso eres Señor en lo pequeño!