Padre Alba, Padre Piulachs y Mossèn Ricart

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 222, noviembre de 1997

Queridos lectores: La proclamación de Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz como Doctora de la Iglesia por nuestro Padre Santo, el día 19 del mes de octubre, me inspira estas líneas con las que quiero alegrarme con vosotros del inmenso gozo de la Iglesia.

En vida de la sierva de Dios M. Maravillas de Jesús, a la que Dios quiera veamos pronto en los altares, en una conversación con ella, en el locutorio, del monasterio de las Carmelitas Descalzas de Aldehuela, me dijo que a su juicio era Santa Teresita la carmelita a la que el Señor había dado a entender mejor el espíritu de la Santa Madre. Por esa razón recomendaba siempre la lectura de los escritos de Santa Teresita, como el camino más directo para penetrar en el corazón de Santa Teresa de Jesús. Algo de eso ha querido señalar el Papa al declararla Doctora a los tres días de la fiesta de la Doctora Madre del Carmelo.

Todas las enseñanzas de los doctores de la Iglesia se simplifican en esta verdad:

Conocer más y más íntimamente a nuestro Señor Jesucristo para así más amarle, más seguirle, hasta que nos posea de tal forma que podamos decir que no vivo yo, sino que es Cristo el que vive en mí. El magisterio de la Iglesia no podía ser de otra manera: como verdadera Esposa de Cristo, lleva a mostrarnos el amor a nuestro Señor Jesucristo, que es el Amor de Dios hecho hombre, que se entregó en la Cruz por amor a nosotros y que nos manifestó su Sagrado Corazón en donde se resumen todos los tesoros de la ciencia infinita y el amor infinito de Dios hacia nosotros.

Ése es el maravilloso camino de la sencillez que nos muestra Santa Teresa del Niño Jesús, El camino directo de amar con la sencillez de un niño que se abandona en los brazos de su padre sin querer pensar ya más en sí mismo, sino en su padre. Por eso es Doctora, por querer ser niña ante Dios y realizar en ella las palabras de la Sagrada Escritura: de la boca de los niños y de los que aún toman la leche materna, recibió el Señor su alabanza.

Por eso Santa Teresa del Niño Jesús, que quería ser misionera, doctora, cruzada, mártir, descubrió en la luz del Espíritu Santo que su sitio era el ser amor en el corazón de la Iglesia. Doctora descubridora de ese camino siempre antiguo y siempre nuevo. El de las almas pequeñas que sólo saben del amor a Jesús, haciéndose como niños para entrar en el Reino de los cielos, que es el Corazón Sagrado de Jesús.

En este primer año de su doctorado, haríamos una cosa muy agradable al Sagrado Corazón de Jesús y al Corazón Inmaculado de María, sí todos los lectores de MERIDIANO CATÓLICO meditáramos la lectura de la Historia de un alma de Santa Teresita, y de todos sus escritos. Así honraríamos a la Santa Iglesia, que la declara Doctora, y recibiríamos por sus enseñanzas muchísimas gracias para nuestras almas.

Ruega por vosotros y os bendice