vida-contemplativaPadre Jesús González-Quevedo, S.I.
Salamanca, 1971

Cuando estoy con Cristo, no le veo con forma corpórea, pero sé que realmente está en mí, lo experimento; es de modo espiritual, inefable. Es como si estuviesen juntas dos personas y que ambas fuesen ciegas y, sin embargo, se pudiesen comunicar entre sí sus pensamientos, no con palabras, sino por medio de otros sentidos distintos de los corpóreos, pero mucho más finos. ¿Dudarían esas dos personas si se les dijese que no es verdad que están juntas? Evidentemente, no.

Eso mismo ocurre en lo interior. No veo al Señor sensiblemente, y no podría negar, sin mentir, si dijera que no me comunico con El con más facilidad que con los humanos. Le palpo dentro, con la misma seguridad que en la oscuridad puedo tocar cualquier objeto.

No sé explicarlo, Padre, pero le aseguro con toda verdad que Cristo para mí no es un Ser que vivió hace Veinte siglos y que es Hijo de Dios, porque me lo dice la fe y así me lo han enseñado. Cristo es Dios y Hombre, que vive actualmente, que está conmigo y que no necesito más que ponerme en silencio para que se me comunique de modo maravilloso. A veces es Él quien me llama hacia adentro. Los dos así, en silencio, nos amamos… Yo le miro y le escucho complacida (con los .sentidos espirituales). A través de Él aprendo muchas cosas, con una claridad sorprendente, que yo misma me quedo admirada cuando lo compruebo en la vida de los santos.

A veces se me manifiesta con mayor luz, y, como criatura imperfecta, me quedo deslumbrada, en total oscuridad, como dice San Juan de la Cruz con el ejemplo del sol. Así me pasa a mí, me hace sufrir ese exceso de luz, y entonces lloro. Pienso que he perdido al Señor y no encuentro ningún remedio.

En estas circunstancias he vivido años y sólo en algún momento me permite ver con claridad. Lo hace así para que no me desanime. Pues aunque me digan los confesores que esto es una purificación de Dios, como estoy ciega, no entiendo nada.

Me doy cuenta que es inútil decir palabras: todas suenan a hueco. Consiste en vivirlo, en experimentarlo, para comprender quién es el Señor y en qué consiste la unión con Él.

Tengo verdadera locura por mi Dios, le amo con verdadera obsesión. Dígales a las almas· que trate íntimamente, lo que es Dios, para .que Le conozcan y Le amen. Yo así hago con las Hermanas y niñas que tengo confianza».

Evidentemente que la ayuda prestada por las contemplativas a las almas de vida mixta podrían tributarla unas y otras a los seglares. Siempre me han llamado la atención los muchos y ·excelentes seglares en contacto íntimo y desinteresa.do con religiosos de ambas clases. Entre las religiosas es más frecuente y más llamativo que entre los religiosos. Hoy que los potentados se quedan sin servicio, aún pagándolo a como sea, las religiosas encuentran personas que las sirven de toda voluntad y aún a veces las hacen todavía limosnas. A estas almas tan buenas, ¿no las deberían pagar espiritualmente con gran generosidad? En mis tandas de Ejercicios· a religiosas, tan llenas de fervor y de espíritu, he pensado muchas veces: ¿No podrían estas buenas religiosas hacer partícipes de estos días de cielo a sus empleadas, colaboradoras y amigas más íntimas? No sólo lo he pensado, sino que lo he propuesto, generalmente con poquísimo éxito. Comprendo que una familia ha de conservar y defender su intimidad; pero… en la edad media eran más sencillos, como consta por las órdenes terneras, y hoy se impone la colaboración y fraternidad, como dijo muy bien la Superiora General de las Hijas de la Caridad, Sor Susana Guillemin (+ 1968) en Problemas y futuro de la vida religiosa (2ª edición, «Mensajero», P. 35).