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Jesucristo y el sacerdote

“Cuando presente al director espiritual el temor que me envuelve a razón de esta misión a la que Dios me utiliza como un instrumento inhábil, el Padre espiritual me contesto que queramos o no queramos, debemos cumplir la voluntad de Dios y me dio el ejemplo del profeta Jonás. Terminada la confesión, contemplaba cómo el confesor sabía que Dios me había mandado meditar sobre Jonás, ya que yo no le babia hablado de eso. Entonces oí estas palabras: .El sacerdote, cuando Me sustituye, no es él quien obra, sino Yo a través de él, sus deseos son Míos. Veo cómo Jesús defiende a sus sustitutos. Él Mismo interviene en su actuar.” Santa Faustina Kowalska, Diario de Santa Faustina Kowalska, nº 331.

Pintura y alma nacional

“Nosotros tenemos una pintura que es un reflejo vivo del alma nacional; en ella se expresa de una manera más gráfica que en la escultura, el sentimiento religioso que ha animado nuestro pueblo, y que refleja desde sus albores en las miniaturas de los códices, en los cuadros murales, en las vidrieras de colores, en las tablas y en los trípticos del siglo XV; y cuando llega -con el retablo de Zamora, de Fernando Gallegos, y el de San Miguel y la Piedad, de San Bartolomé Bermejo, recientemente sacado a la luz ª lanzar las últimas llamaradas del amor cristiano de la Edad Media, el sentimiento religioso que la inspira no se apaga, sino que se acrecienta en el siglo XVI, en las imágenes idealistas, de Luis Morales el Divino, en las austeras de los evangelistas de Francisco Ribalta, en las celestes de San Antonio, San Francisco, Santo Isabel, y en las prodigiosas Concepciones de Murillo, bañadas en una luz que no había sorprendido ningún pincel porque parece increada; que se revela en los penitentes y en los mártires ensangrentados de Ribera, en el éxtasis y al iluminación interior de los religiosos y los monjes de Zurbarán, y en los gusanos de la corrupción, cebándose en las vanidades humanas, en el cuadro fúnebre de Valdés Leal.” Juan Vázquez de Mella, El Verbo de la Tradición, p. 67.

Lucha por la dominación

En nuestro tiempo, subyace una lucha metapolítica: “una lucha entre tres o cuatro pueblos bíblicos, a saber paganos, judíos, musulmanes y cristianos” (Los tres pueblos bíblicos en su lucha por la dominación del mundo, p. 252). La historia, “es la mente de Dios escrita en el tiempo”; en él se tensan Dios y la miseria del hombre: las dos ciudades. Después del pecado, los pueblos siguieron diversos caminos: los descendientes de Caín, de Jafet, los arios y semitas, los paganos siguieron la ley de la naturaleza (supuesta revelación primitiva y cayeron en el pecado por ausencia de la gracia: “El paganismo, dijo Meinvielle, es la infidelidad de los hombres a esta ley de la naturaleza” (op. cit. p. 257).”Alberto Caturelli, Revista Gladius, nº 94, diciembre 2015, p. 6.

Decisión sin argumentos

“El consensus iuris del que habla, por ejemplo, Cicerón en su De re publica, no es el fruto de un acuerdo meramente voluntarista sino la aprehensión de lo que hay de jurídico en sí y que precede al Estado. Tanto que Cicerón, siguiendo en esto a Aristóteles, considera el derecho elemento ordenador de la comunidad política, no producto de la voluntad soberana. La modernidad político-jurídica, al contrario, tanto la fuerte como la débil, entiende que el consenso es una manifestación de «pura» voluntad, una decisión sin argumentos. Entiende, además, que sea la condicio sine qua non para la legitimación del poder y para la creación ex nihilo del derecho.” Danilo Castellano, Revista Verbo, nº 535-536, mayo-junio-julio 2015, p. 523.

La nación es una unidad moral

“La unidad se predica de toda nación. Decir nación es decir unidad. Indica que la nación es. Si queremos saber qué sea, esta pregunta se responde reparando en su unicidad, es decir, en aquello que hace de una nación entidad única y distinguible entre las de su clase, en lo que constituye su identidad. Esa identidad se cifra, sobre unas bases geográficas, lingüísticas, raciales, etc., en su historia y tradición. La historia es todo el acontecer, pasivo y activo, de la nación y la tradición viene dada por las constantes que en esa historia se perpetúan otorgando a la nación los rasgos esenciales de su fisonomía. Según García Morente “la tradición es la columna vertebral de la Historia”, “la base sólida inconmovible de todas las variaciones en la historia de un pueblo.” En la nación, pues, que es, más allá de lo físico, una unidad moral, la unicidad reside en su tradición.” Manuel Antonio Orodea, Revista Razón Española, nº 196, Marzo-Abril 2016, pp. 212 y 213.

Pio IX

“El Pontífice Pío IX, con toda razón, pasará a la historia con el dictado de azote del Liberalismo. El error liberal en todas sus fases y matices ha sido desenmascarado por este Papa. Para que más autoridad tuviesen sus palabras en este asunto, dispuso la Providencia que saliese la repetida condenación del Liberalismo de labios de un Pontífice, al cual desde el principio se empeñaron en presentar como suyo los liberales. Después de él no le queda, ya a este error subterfugio alguno a que acogerse. Los repetidos Breves y Alocuciones de Pío IX le han mostrado al pueblo cristiano tal cual es, y el Syllabus acabó de poner a su condenación el último sello”. Félix Sarda y Salvany, El Liberalismo es pecado, p. 24.

Leyes aberrantes

“En esta concepción moderna, de la tradición liberal, el origen de los derechos no puede estar más que en la ley positiva, con la consecuencia de que todo lo que disponga dicha ley, por aberrante o absurdo que sea, es derecho y es obligatorio (como el caso del parto de incógnito o la madre que concibe, artificialmente, de su propio hijo homosexual que desea tener hijos).” Joaquín Almoguera Carreres, Revista Verbo, nº 537-538, agosto-septiembre-octubre 2015, p. 584.