vida religiosaPadre Jesús González-Quevedo, S.I.
Salamanca, 1971

Finalmente, se ha de tener en cuenta la gran verdad de que los religiosos de vida mixta no son monjes, ni solitarios, ni eremitas; pero no es menos cierto que deberían ser «contemplativos en la acción», a imitación de Ignacio de Loyola, en expresión insuperable del P. Nadal (25), apóstoles perfectos y contemplativo perfectos, como viene a decir el P. Peeters (26). Esta segunda verdad es la que hoy se niega no sólo en la práctica, sino lo que es más grave, aun teóricamente. Muchos y muchas proclaman que .su vida no es monacal, ni de religiosas de clausura, y se dan a vivir disipadamente.

Tampoco era monje, aunque lo había sido, el Papa Eugenio III, a quien en medio de sus múltiples ocupaciones de regir la Iglesia Universal y los Estados

Pontificios, previene San Bernardo, en su tratado De Consideratione (27), contra la dureza de corazón :

«Mira a dónde te arrastran esas ocupaciones malditas, si continúas, como empezaste, ·en darte todo a ellas sin dejar nada de ti para ti» (lib. I c., cap. 2).

«No es buena paciencia permitir te hagan ·esclavo, pudiendo ser libre. Dime, te ruego: ¿en dónde y cuándo eres libre, en dónde seguro, en dónde tuyo? En todas partes ruido, en todas parte barullo, en todas partes el yugo de tu esclavitud te oprime» (cap. 3).

«Atrévete a llamarte libre bajo la pesada mole de esos negocios a los que no puedes sustraer el cuello. ¿Qué más da que sirvas con gusto o por fuerza?… Y si me preguntas: ¿qué has de hacer? Que te retires de esas ocupaciones. Imposible, responderás acaso; sería más fácil renunciar a la dignidad. Ciertamente, si te aconsejara que rompieras, y no más bien que interrumpieras esas ocupaciones» (cap. 4).

«Si toda tu vida y toda tu ciencia la das a la acción y nada a la contemplación, ¿podré alabarte? En eso no te alabo, como tampoco ninguno que haya oído a Salomón: El que se modera en la acción, alcanzará la sabiduría (Ecli. 38, 25)… Finalmente, el que es malo para sí, ¿para quién será bueno? (Ecli. 14, 5). Acuérdate que no digo siempre, no digo muchas veces, sino por lo menos ·alguna vez vuelve a ti mismo» (cap. 5).

«Pero ahora, puesto que los días son malos (Ef. 5, 16), basta con avisarte que no te des todo, ni siempre a la acción, sino que hurtes algo de tu corazón y de tu tiempo para la consideración» (cap. 7).

«¿ No es perder la vida, no dar algún lugar en ella a tan piadoso y útil ocio?» (cap. 8).

El problema no está en las ocupaciones. Es problema personal, como diagnosticara San Bernardo certeramente. Entregarse y reservarse es la .única solución de la vida mixta, a nuestro alcance ·con la gracia de Dios, si nosotros queremos con la voluntad del tercer binario.·

Años después, Tomás de Kempis diría:

«Si te apartares de conversaciones superfluas y de andar ocioso y de oír novedades y murmuraciones, hallarás tiempo suficiente y a propósito para entregarte a· santas meditaciones» (lib. I, 20, 1).

«Si tú sabes dejar: a los hombres, ellos te dejarán hacer tus buenas obras» (21, 2).

«Y el que no se desocupare de todas las criaturas, no podrá libremente entender en las cosas divinas. Pues por eso se hallan pocos contemplativos, porque son raros los que saben desasirse del todo de las criaturas y de lo perecedero» {lib. III, 31, 1) (28).

  1. Monumenta Hist. S. J. Epist. P. Nadal, IV, 651.
  2. Hacia la unión con Dios por medio de los ejercicios de San Ignacio (El Mensajero del Sagrado Corazón de Jesús, Bilbao 1944), p. 178.
  3. PL. 182, 731. He aprovechado la traducción de la BAC, vol. 130, p. 583 SS.
  4. Se viene diciendo que la Imitación de Cristo está sacada en gran parte de San Bernardo v. gr. Cayré en las diversas ediciones de su Patrologie et Histoire de la Théologie. Con todo respeto a los especialistas en S. Bernardo, yo, que no lo soy, pero que he dedicado miles de horas al estudio de San Agustín, les manifiesto mi convicción profunda de que más del 80 por ciento del Kempis es agustiniano. Como ellos reconocen que San Bernardo se inspira sobre todo en San Agustín, en el fondo quizá estemos de acuerdo. Del Kempis, el libro de más autoridad de la Iglesia después de los libros inspirados; de la estima y alabanzas que le tributaron los Santos, y sobre todo Ignacio de Loyola; qué solía llamarle «la perdiz de los libros espirituales», baste con lo dicho, y con ver los frutos de quienes le desacreditan ahora.