iglesiaPapa Francisco

En una cultura frecuentemente dominada por la técnica, se multiplican las formas de tristeza y soledad en las que caen las personas, entre ellas muchos jóvenes. En efecto, el futuro parece estar en manos de la incertidumbre que impide tener estabilidad. De ahí surgen a menudo sentimientos de melancolía, tristeza y aburrimiento que lentamente pueden conducir a la desesperación. Se necesitan testigos de la esperanza y de la verdadera alegría para deshacer las quimeras que prometen una felicidad fácil con paraísos artificiales. El vacío profundo de muchos puede ser colmado por la esperanza que llevamos en el corazón y por la alegría que brota de ella. Hay mucha necesidad de reconocer la alegría que se revela en el corazón que ha sido tocado por la misericordia. Hagamos nuestras, por tanto, las palabras del Apóstol: “Estad siempre alegres en el Señor» (Flp 4,4; cf. 1 Ts 5, 16).

Cardenal Antonio Cañizares

Al tiempo que oramos por nuestros hermanos misioneros, por las comunidades y por los hombres y mujeres a los que ellos sirven, elevamos también nuestra plegaria a Dios para que avive y anime a nuestra Iglesia, a nuestra Iglesia diocesana en particular, para que se fortalezca el sentido misionero, para que sintamos muy cercanas a las misiones y a los misioneros, y para que surjan y se consoliden vocaciones a la misión ad gentes, que sin miedo sean enviados a donde los hombres nos están pidiendo “la ayuda”, es decir, el Evangelio: Jesucristo, con todo lo que Él es y entraña para todo hombre.

Cardenal Mauricio Piacenza

La persecución siempre ha acompañado a los cristianos y creo que siempre los acompañará, pero esto no significa que nosotros adoptemos una actitud fatalista y no hagamos nada. Tenemos que abrir los ojos ante la anestesia que muchas veces adormece al mundo cristiano y al mundo occidental. Porque cierran los ojos y no quieren ver, o peor aún, no tienen tiempo para ver.

Cardenal José Saraiva Martins

Anunciar a Cristo Rey es hacer la confesión de fe en el Hijo de Dios vivo, y es en el fondo un grito de batalla para que los valores del Reino que vino a instaurar en la tierra sigan vigentes en la querida nación mexicana: la verdad y la vida, la santidad y la gracia, la justicia, el amor y la paz, como lo celebraba el prefacio de la fiesta de Cristo Rey que celebramos ayer.

Arzobispo Jean Abdou Arbach

Donde todavía hay ocupación del Daesh es muy difícil vivir la fe. Donde no hay ocupación, las iglesias están llenas. Esta guerra ha aumentado la fe y la oración de los cristianos, que acuden a las iglesias más que antes. Pero donde hay ocupación hay miedo, la gente no puede ir a la iglesia, no hay libertad para expresar la fe. Con todo, la fe es grande y siempre tenemos la oración en la que refugiarnos y nuestra devoción a la Virgen María.

Arzobispo Jesús Sanz Montes

Celebramos el testimonio cristiano que dieron los que tuvieron que expresar su fe pagando el alto precio de su propia vida. No estamos ante un tipo de víctimas que sucumben sin más por el odio ante la raza o la cultura, la clase social o la afiliación política. Estarnos hablando de personas que entregan la vida pudiéndose quedar con ella, en un gesto de suprema libertad con un santo heroísmo que sólo es posible por el auxilio de la gracia de Dios. Este es el tono de nuestra memoria hecha recuerdo y hecha oración, conmovidos por tan supremo testimonio de quienes creyeron con fe hasta el extremo, que se torna en testimonio no sólo de fe, sino también de amor al morir perdonando a quienes les arrancaban absurdamente la vida.

Obispo Demetrio Fernández

Pero el corazón de Dios no se cierra, sigue abierto de par en par para todos. El amor de Dios ha llegado a su plenitud en la Cruz de Cristo, donde Jesús ha abierto su corazón de par en par para enseñarnos que el amor es más fuerte que la muerte, más fuerte que el pecado. El Corazón de Jesús traspasado de amor nos repite: “Venid a mí… que yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso” (Mt 11, 28). La misericordia de Dios ha llegado a su plenitud en el Corazón de Cristo, que nos ama hasta el extremo.

Obispo Francisco Cerro Chaves

La Adoración siempre ha sido el distintivo de los cristianos, adorando largamente la Eucaristía en los grandes momentos de la vida. Cada día, retiros, y lo seguimos haciendo porque el Corazón Eucarístico es Jesús. Sin adoración volvemos a la esterilidad. Sed fieles a la adoración diaria. Dedicarle tiempo a contemplar al Amor de los Amores. No nos quedemos en un amor superficial. Id a lo profundo de la bodega de su Corazón y bebed el vino en la cena que “recrea y enamora”. Sed fieles a la adoración y estrenad cada día el gozo de vuestra vocación. Solo adorando seréis felices. Nos lanzaremos a evangelizar desde signos pobres. Adorar es el distintivo esencial del cristiano, como discípulos de Jesús. Con Jesús estáis llamados a una profunda intimidad con el Señor sin la cual no seréis fecundos en vuestro apostolado.