Déjame ir ya…

Mari Carmen - 8Al poco tiempo de volver al colegio, Mari Carmen se puso enferma con escarlatina. Después le dolía mucho el oído, aunque ella no se quejaba y siempre sonreía. Pero como no se curaba, su madre la fue a buscar y la llevó a Madrid.

Cuando la vio el médico, la encontró muy malita y empezó el tratamiento: Curas muy dolorosas en el oído, inyecciones, sueros, transfusiones, y medicinas…

Mari Carmen se dejaba hacer todo aquello y lo ofrecía a Jesús: Para que se arrepintiesen los malos, para que todos fueran al Cielo… Ella no pensaba en otra cosa y en silencio repetía su entrega.

Pedía a su madre que le leyera cosas de Dios y le cantara aquello tan bonito de su Primera Comunión: ¡Qué bueno eres, Jesús, qué bueno eres!

En los momentos de mayor dolor, cuando la curaban pedía a todos: “decid Jesús, decid Jesús”. Y encontraba así la fuerza para soportarlo todo. Luego se quedaba muy recogida rezando, y a ratos leía en un libro que se llamaba: “Mi Jesús”.

Su madre le decía a veces:

-Pide a Jesús te ponga buena. Ella respondía:

-“No, mamá, yo pido que se haga su Voluntad”.

No tenía ningunas ganas de comer; todo le repugnaba. Pero al preguntarle:

-¿Qué te apetece comer?

-“Lo que quieran” -decía siempre.

Se acercaba la fiesta de la Virgen del Carmen, el 16 de julio. Ese día se preparó para confesar y comulgar. Pidió a su madre que le ayudara a hacer el examen de conciencia.

Después le dieron la unción de los enfermos.

A la mañana siguiente se despertó muy contenta diciendo a su madre:

-Mamá, hoy viene la Virgen a buscarme.

-¿A dónde quieres ir, Mari Carmen? -le preguntó su abuela.

-¡Al Cielo, abuelita, al Cielo! ¿No ves que viene ya la Virgen a buscarme? ¡Viene con los ángeles!

Y abría los brazos hacia el Cielo como cogiendo las manos para jugar al corro con unos niños invisibles.

De pronto se sentó en la cama, y mirando a todos los que la rodeaban, les dijo:

-Amaos los unos a los otros”.

Eran las mismas palabras con que Jesús se despidió de sus discípulos en la Última Cena antes de morir.

Luego juntó las manos y repitió muy recogida:

-“Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía. Jesús, José y María, recibid cuando yo muera el alma mía”.

Por fin, volvió a abrir los brazos y repitió:

-“¡Dejadme ir, dejadme pasar ya!” Y cayó dormida en brazos de su madre, mientras otros brazos, los de su Madre del Cielo, la recibían en los suyos.

ORACIÓN

Niño Jesús sobre las nubesPara obtener alguna gracia por la intercesión de la Sierva de Dios María del Carmen González-Valerio.

“Jesús, que dijiste: “Dejad que los niños se acerquen a mí”, y que has querido infundir -Tú que eres “la flor del campo y el lirio de los valles”- en el alma de Mari Carmen la virtud de la inocencia y el deseo de volar al Cielo antes de verse manchada con la culpa; por aquel heroico amor con que en medio de los mayores sufrimientos mantuvo su generosa entrega, te suplicamos que, por su oración , suscites en los hogares cristianos una legión de almas puras que sigan sus huellas, y que, si es tu voluntad glorificarla en la tierra, nos concedas las gracias que te pedimos por su intercesión”.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.