Monseñor José Guerra Campos
Separata del “Boletín oficial del Obispado de Cuenca”
Núm. 5, mayo 1986

Guerra Campos4El Papa Juan XXIII en un determinado momento, en que por ciertas circunstancias «no podía decir públicamente» su sentir, transmitió a Franco por un Cardenal romano una bendición especialísima asegurándole su gran estima y cariño (15). Pablo VI, en los años sesenta, declara que la fidelidad de Franco a la Iglesia le consuela y anima (16). Al morir, Franco dice en su testamento: «Quise vivir y morir como católico. En el nombre de Cristo me honro y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir» (17). En los funerales los Obispos diocesanos publicaron su gratitud, loaron la ejemplaridad de vida de Franco, su testimonio de fe, su amor a la Iglesia, su servicio eficaz a España con inspiración cristiana. Los que habían sido testigos inmediatos señalaron la hondura de su vida interior. Los testimonios episcopales constituyen un inusitado florilegio, que, en algún caso, alcanza calidad hagiográfica (18). No pocos apelaron a su intercesión celeste, lo mismo que numerosos visitantes de su tumba. Entre éstos muchos sintieron reavivada su fe adormecida. Los monjes del Valle de los Caídos atestiguan el hecho de abundantes conversiones (19). El conocido liturgista P. Garrido acaba de escribir (1985):

«He tenido ocasión de leer muchos volúmenes, referentes a las Causas de los Santos, durante mis repetidas y largas estancias en Roma, y puedo asegurar que jamás me he encontrado con un caudal de testimonios de personas tan cualificadas y tan unánimes en manifestar la ejemplaridad y virtud de los siervos de Dios, como en el caso del Generalísimo Franco» (20).

Notas

  1. Informe del Cardenal Arzobispo de Toledo, que lo había recibido del Cardenal de Curia Larraona. Cf. «Boletín de Cuenca», noviembre-diciembre de 1976, pág. 365.
  2. Declaración del Papa al Ministro de Justicia don Antonio María de Oriol, 13 de noviembre de 1965 (Suárez, Franco, VII, pág. 252). Cuando en 1963 hervía en torno a Franco la suspicacia y el desagrado ante la elevación al papado del Cardenal Montini, cuyos gestos recientes habían molestado, Franco extremó e impuso el respeto con actitud religiosa (ibid., VII, págs. 92-93).
  3. Estas y otras expresiones del Testamento fueron glosadas por muchos Obispos en sus homilías después de la muerte de Franco.
  4. Las homilías de los Obispos han sido publicadas en los boletines oficiales de las Diócesis correspondientes. Muchas de las expresiones relativas a las actitudes religiosas y morales de Franco se han reproducido en el «Boletín de Cuenca», febrero de 1976, págs. 63-104.

Homilía del Cardenal Arzobispo de Toledo: «Boletín de Cuenca», noviembre de 1975, págs. 331-334. Manifestaciones del Obispo de Cuenca, ibídem, págs. 319-330, noviembre-diciembre de 1976, págs. 360-365.

  1. Declaraciones del Padre M. Garrido, monje del Monasterio del Valle de los Caídos, al periodista alemán P. Warner, transcritas en parte en el «Boletín de Cuenca», febrero de 1976, págs. 105-106. Y cf. el libro citado en la nota 2.
  2. P. Manuel Garrido, O. S. B., Francisco Franco, cristiano ejemplar (citado en nota 2), pág. 157.