PERFECCIÓN OPERATIVA DE NUESTRO SISTEMA

Franco y la IglesiaEs cierto que nuestros adversarios del interior y del exterior pretenden un juego torpe, por demasiado claro. Es evidente que un problema que no tuviera solución en el Sistema constituiría un ataque al mismo. La subversión fría puede definirse como aquella actitud que pretende crear problemas insolubles para demostrar la ineficacia del Sistema y plantear problemas que conduzcan a soluciones que, de prosperar, no serían tales, sino que romperían y falsearían el sistema político, social y económico que hemos logrado.

El intento sistemático de contabilizar con preferencia lo que falta más que lo que hemos logrado persigue, indudablemente, el afán de confundir, poniendo de relieve problemas insolubles, por utópicos y falsos, para que, en la confusión, se pierda la clara visión de cuanto hemos logrado. Tal actitud es la sustancia de la subversión y también de la demagogia. Pero el pueblo español ha adquirido en estos años clara conciencia cívica y no caerá nunca en tan grosera trampa. El hecho, para los que vean la realidad con ojos limpios, es que hemos dado un salto histórico incalculable en sus consecuencias. Necesitamos todavía andar el camino final que dé a nuestro Sistema, a nuestras estructuras, a nuestras realidades, toda la perfección operativa que, completando lo hecho, consolide definitivamente la vía de una firme esperanza futura. Y en ello estamos, y los españoles de buena voluntad lo ven, lo saben y lo aprueban.

EL PUEBLO QUIERE CONSERVAR LA UNIDAD

Hace pocas semanas, en la plaza de Oriente, comprobamos, una vez más, la clamorosa confirmación del pueblo que comparte y refrenda de modo inequívoco nuestra preocupación por garantizar ese porvenir, en el que no puede haber lugar para la división ni para el enfrentamiento fratricida. Nuestro pueblo, que ha sabido ganar la paz a costa de tan enormes sacrificios, está dispuesto a conservarla a todo trance, y para ello es imprescindible mantener la unidad y la continuidad como elementos preciosos para la convivencia y el progreso.

FECUNDA REALIDAD DE NUESTRO DESARROLLO

Bastaría que volviéramos a examinar el camino recorrido y comparásemos con nuestro punto de partida inmediatamente después de nuestra Guerra de Liberación, para que viéramos cómo los problemas van surgiendo precisamente de nuestra capacidad de darles solución. Algunas cifras serían suficientemente elocuentes. Desde 1940 a 1970, España aumentó en ocho millones de habitantes. La renta nacional se ha multiplicado prácticamente por ocho, en pesetas constantes referidas a su valor en oro. La producción agraria aumenta en más de vez y media, y la repoblación forestal, que en 1940 alcanzaba 792 hectáreas acumuladas, representa en 1970 2.350.000 hectáreas, es decir, un aumento de 2.960 veces más. Los regadíos, que en 1950 suponían 83.100 hectáreas, pasan en la actualidad de 1.029.100, lo que equivale en veinte años a multiplicar por 12. La energía eléctrica, de 3.617 millones de kilovatios-hora en 1940, a 56.484 millones en 1970, lo que supone un aumento de más de 15 veces. La vivienda, que presentaba en 1940 la construcción de 32.000, en 1970 presenta la cifra acumulada de 3.121.931, lo que supone un aumento de casi 98 veces más. Los embalses pasan de 400 millones de metros cúbicos en 1940, a 36.628 millones en 1970, lo que supone un aumento de más de nueve Sería muy fácil seguir dando cifras de tan definida significación. Creo que es bastante, y si se quiere una cifra más, diremos que los puestos de traba, creados entre 1940 y 1970 son de 3.837.000. El afán creador de la España surgida del 18 de Julio es evidente y la lección que de ello se deduce es muy clara: los españoles somos fuertes cuando permanecemos unidos.