Padre Manuel Martínez Cano mCR.

 

San Albino - Obispo y ConfesorPecado venial es toda desobediencia voluntaria de la ley de Dios en materia leve, o en materia grave si no hay plena advertencia y perfecto consentimiento.

San Juan Pablo II ha dicho: “Cada vez que la acción desordenada permanece en los límites de la separación de Dios, entonces el pecado es venial. Por esta razón, el pecado venial no priva de la gracia santificante, de la amistad con Dios, de la caridad, ni por tanto, de la bienaventuranza eterna”.

El pecado venial en cuanto ofensa a Dios es un mal incomparablemente superior a todas las desgracias y calamidades que pueden sobrevenir al hombre y al universo entero. “Es peor mal un solo pecado venial que la destrucción del orbe entero, que la pérdida de todos los hombres y de todos los ángeles y santos, porque todos esos males son finitos, son males de criatura, y el pecado, aunque venial, es una ofensa a Dios que es bien infinito” (San Enrique de Ossó).

El pecado venial priva al alma de muchas gracias actuales que el Espíritu Santo tenía vinculadas a nuestra perfecta fidelidad; disminuye el fervor de la caridad y la práctica de las demás virtudes; predispone al pecado mortal que vendrá muy pronto si no se reacciona enérgicamente; disminuye la gloria en el Cielo que habríamos merecido ante Dios sin esos pecados veniales, y aumenta las penas del purgatorio.

“El purgatorio es una buena balanza para pesar el pecado venial. Hay en él penas más insoportables que las que pasó Jesucristo en su flagelación, corona de espinas y en su cruz” (San Juan de Ávila).

Es importantísimo formarse bien la conciencia moral, pues puede ocurrir que un pecado venial, objetivamente considerado, se convierta en pecado mortal, subjetivamente considerado, por conciencia errónea del hombre. (Si se cree que una mentira leve es un pecado mortal y, a pesar de ello se dice esa mentira, se peca mortalmente, aunque objetivamente sólo era pecado venial).

La causa principal de todo pecado es el egoísmo o amor desordenado de sí mismo.

Las causas internas del pecado son las heridas que el pecado original dejó en la naturaleza humana que nos hace desconocer la Ley moral, la concupiscencia o rebelión de la carne contra el espíritu y la herida de la voluntad que busca intencionadamente el pecado, o se deja llevar por él sin oponer resistencia.

Las causas externas del pecado son el demonio y el uso desordenado de las cosas. “Estad alerta y velad, que vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda y buscando a quién devorar, resistidle firmes en la fe”. (1ª Pe 5, 8-9).

Ocasión de pecado es toda situación en la que se encuentra uno en peligro de caer en pecado.

La ocasión de pecado puede ser:

  1. – próxima: si el peligro de pecar es muy grande y la comisión del pecado casi segura.
  2. – remota: si el peligro de pecar es pequeño y casi imposible pecar.
  3. – voluntaria: si el hombre la busca libremente.
  4. – necesaria: cuando física o moralmente es inevitable. La ocasión próxima voluntaria de pecar es gravemente pecaminosa y, por tanto, debe evitarse siempre.

En la ocasión próxima necesaria se han de emplear todos los medios para alejar en lo posible la ocasión de pecar.

Es imposible al hombre evitar las ocasiones remotas de pecar, especialmente en relación con el pecado venial, tanto por la fragilidad de su naturaleza como por los peligros externos.