Montserrat

“Palabras – estigma”

San David - Patrón de Gales“Las ideologías son siempre fáciles, simples y publicitarias”, escribe Fernández de la Mora, añadiendo más adelante que “no tienden a ir concretándose, matizándose y desarrollándose, como las disciplinas científicas, sino por el contrario, a concentrarse en vocablos clave, de contenido cada vez más general y extremoso”. Pues bien, podemos decir que “machista” es uno de esos vocablos. Ignacio Sánchez Cámara, en un artículo de hace bastantes años, se refería a algo similar cuando denunciaba el uso de lo que él llamaba “palabras-estigma”, grupo en que, además de “machista, se cuentan, entre otras, “fascista”, “racista” o “franquista”. Son a modo de marchamos indelebles idóneos para ser estampados por las razones más peregrinas, identificando al que será implacable y públicamente silenciado y perseguido. Dotadas de una elasticidad semántica peyorativa, pueden ajustarse a todos los casos en que se intuya una discrepancia con los postulados ideológicos triunfantes, estatuidos con firmeza de axiomas, cuando, a lo más, no pasan de meras opiniones. (Manuel Antonio Orodea – Razón Española)

La Monarquía Tradicional

La Monarquía tradicional -nacida al amparo de la Iglesia y arraigada en la historia-, es magistratura tan magnífica y se presenta de tal manera rodeada de majestad y grandeza a la mente del filósofo y al corazón del poeta, que ninguna que se llame monárquico, aunque sea de las monarquías falsificadas que ahora se estilan, si posee alguna ilustración y entendimiento, puede dejar de rendirse ante ella y cantar sus glorias y ponderar sus maravillas, si, forzado por las circunstancias, tiene que luchar contra los secuaces de la forma republicana. (Juan Vázquez de Mella – El Verbo de la Tradición)

Derechos anárquicos

El “Contenido” del derecho a la libertad de expresión es así definido por el individuo, rectius por su voluntad, en los aspectos que considera subjetivamente más importantes para él. En otras palabras, los derechos de libertad (libertad de pensamiento, de conciencia, de religión, de expresión, de identidad sexual, etc.) son derechos “anárquicos”, en cuanto dependen de la voluntad/poder de la persona, que sólo por razones de convivencia puede admitir “límites” a su ejercicio. (Danilo Castellano – Verbo)

Partícipes del Reino

Esto da la razón de aquel angustioso grito con que exclamaba San Jerónimo en el siglo IV, cuando decía: Ingemuit universus orbis se esse arianum: “Gimió el mundo entero asombrado de encontrarse arriano”. Y esto hace comprender cómo en medio de los mayores cismas y herejías, como son los actuales de Rusia e Inglaterra, es posible tenga Dios muchas almas suyas en quienes no está extinguida la raíz de la verdadera fe, por más que ésta, en su profesión externa, aparezca deforme y viciada. Las cuales, unidas al cuerpo místico de la Iglesia por el Bautismo, y a su alma por la gracia interior santificante, pueden llegar a ser con nosotros partícipes del reino celestial. (Sardá y Salvany – El liberalismo es pecado)

Escamoteo

Impresionado por esta condición drástica y sentimental de los hechos, el hombre poco habituado al análisis de cuestiones complejas suele considerar los hechos como motivo impulsor de legislación. Pero este deslizamiento del plano de los hechos al de las regulaciones constituye una extrapolación metodológica ilegítima, y toda su fuerza de convicción procede del escamoteo realizado, no del rigor interno del procedimiento seguido. (Alfonso López Quintás – Manipulación del hombre en la defensa del divorcio)

Libertad del liberalismo

Esta concepción de libertad es la que ha asumido el liberalismo. La libertad existe en la medida en que la voluntad, sea del individuo o del Estado, sea soberana. De allí que siempre hay una reivindicación “de la libertad de pensamiento contrapuesta a la libertad del pensamiento, de la libertad de religión contrapuesta a la libertad de la religión, de la libertad de conciencia contrapuesta a la libertad de la conciencia, etc.”. En virtud de esta libertad cada cual tendrá el derecho de escoger su propia concepción de bien. La única condición será que no intente imponerla como concepción común de bien. (José Luis Widow – Verbo)

Le pedí perdón

Cuando, antes de ir a descansar, fui a decir buenas noches al Señor y le pedí perdón por haber hablado tan poco con Él durante mi estancia en casa, oí en el alma una voz: Estoy muy contento de que no hayas hablado Conmigo, y que hayas dado a conocer Mi bondad a las almas y las hayas invitado a amarme. (Santa María Faustina Kowalska – Diario – La Divina Misericordia en mi alma)