Papa Francisco

Papa Francisco confesándoseEs la concreción que expresan los niños en la confesión. Una concreción de decir lo que se ha hecho, para que salga la verdad. Así se cura. Aprender la ciencia, la sabiduría de acusarse a uno mismo. Yo me acuso, siento el dolor de la llaga, hago lo que sea para saber de dónde viene ese síntoma y luego me acuso. No tener miedo de los remordimientos de la conciencia, que son un síntoma de salvación. Al revés, tener miedo de taparlos, de maquillarlos, de disimularlos, de esconderlos… de eso sí. Por tanto, ser claros, y el Señor nos curará.

Cardenal Antonio Cañizares Llovera

Me permito llamar la atención sobre otra cosa: el vestido con el que se entra en el templo. Infinidad de veces algunos o algunas entran con vestidos inadecuados o indecorosos con el respeto que se debe a la casa de Dios. Cuando uno va a la ópera, por poner un ejemplo, no va de cualquier manera o de forma inadecuada, ¿por qué en los templos sí que se permite entrar y estar inadecuadamente? No es raro, por ejemplo, que en la catedral, o en otro templo de valor artístico encontrarse con personas inadecuadamente vestidas. Habría que advertir con carteles que llamen la atención de qué manera se puede entrar en el templo y de qué manera no, como hacen por ejemplo en la basílica de San Pedro en Roma. Si alguien entra de forma inadecuada o indecorosa habría que invitarle con educación a que se retirase, se cambiase o pusiese otro vestido y que después venga al templo, pero lo que no puede ser es esa falta de respeto.

Cardenal Raymond Leo Burke

Tenemos que ayudar a los hogares cristianos para que sean la Iglesia doméstica, según la descripción antigua, el primer lugar en el que la fe católica se enseña, se celebra y se vive. Toda la Iglesia tiene que ayudar a los padres para vivir generosamente y fielmente su vocación de vida conyugal. Tenemos que estar especialmente pendientes de las familias que sufren dificultades, para que incluso en su sufrimiento puedan experimentar la gracia de la unidad y de la paz de la Santa Familia de Nazaret.

Cardenal Juan José Omella Omella

Los misioneros son muy valientes, los más valientes. Se fían de Jesús totalmente y lo dejan todo para anunciarlo, a Él, y llevar a todos su palabra, su vida, su salvación. Y esto lo hacen imitando siempre a Jesús, que vivió haciendo el bien a todos: curando a los enfermos, consolando a los tristes, dando de comer a los hambrientos, enseñando a los que no saben… Los misioneros tienen claro que no están solos. Todos los que formamos parte de la Iglesia estamos unidos a ellos en su misión y la compartimos. Nos unimos a ellos con la oración. Hay que rezar mucho por ellos.

Cardenal Carlos Osoro Sierra

¿Cómo era su vida? Aunque formulada y vivida desde diversas realidades y épocas, en todos se dan unas dimensiones que ellos, en nombre de Jesucristo, nos animan a cultivar siempre. Conozco muchas vidas de santos, he leído mucho sobre ellos, y he llegado a la conclusión de que en todos hay unas dimensiones humanas que nacen de la visión del hombre que nos regala Jesucristo: la personal y comunitaria; la espiritual; la intelectual, y la misionera.

Obispo Giampaolo Crepaldi

Las utopías políticas fueron las que produjeron, en los siglos pasados, serias excepciones a la idea que los hijos pertenecían al Señor, empezando por la antigua utopía de Platón, según la cual los niños recién nacidos tenían que pasar inmediatamente a estar bajo la protección del estado, que los criaría en estructuras públicas para que así cada ciudadano, viendo a los jóvenes por las calles y plazas, pudiera decir: “Podría ser mi hijo”. La negación de la familia era funcional a la creación de una comunidad política de iguales con sólidos vínculos recíprocos. Se creía que si los hijos seguían con sus progenitores, la unidad interna de la comunidad se debilitaría y fragmentaría. Esta idea se ha prolongado en la historia y pasa por la comunión de las mujeres en los falansterios del nuevo mundo de Fourier, las indicaciones del Manifiesto de Marx, hasta llegar a los estados totalitarios de finales del siglo pasado.

San PÍO X

  Pascendi Dominici Gregis  (32)

Nadie, puestas las precedentes premisas, considerará absurda ninguna de estas conclusiones. Lo que produce profundo estupor es que católicos, que sacerdotes a quienes horrorizan, según Nos queremos pensar, tales monstruosidades, se conduzcan, sin embargo, como si de lleno las aprobasen; pues tales son las alabanzas que prodigan a los mantenedores de esos errores, tales los honores que públicamente les tributan, que hacen creer fácilmente que lo que pretenden honrar no son las personas, merecedoras acaso de alguna consideración, sino más bien los errores que a las claras profesan y que se empeñan con todas veras en esparcir entre el vulgo.