Monseñor José Guerra Campos
Separata del “Boletín oficial del Obispado de Cuenca”
Núm. 5, mayo 1986

VIII Posición de la Iglesia ante el sistema político II: 1965-75

Guerra-CamposHemos de lamentar de nuevo que la tiranía del espacio obligue a comprimir en un esquema una exposición que la abundancia de documentos y la experiencia privilegiada del autor permitirían desarrollar (1).

Entrando en los años sesenta, algunos sectores del clero y de las organizaciones apostólicas, siguiendo corrientes de la Europa postbélica, abogan por un sistema de partidos y de pluralismo sindical. Unos sueñan inicialmente con la inserción de los católicos en un partido demócrata-cristiano, como el de Italia o el de Alemania. Luego prevalecen los que postulan la libre incorporación de los católicos a movimientos socialistas y aun marxistas. En nombre de los principios cristianos de libertad y participación, reiterados en la Pacem in terris, reclaman libertades de expresión, reunión y asociación, no sólo para hacer efectivo el Fuero de los Españoles, sino en formas incompatibles con un sistema de representación orgánica. Las posturas se radicalizan, coincidiendo con un tiempo de confusión acerca de la misión de la Iglesia. Ciertos grupos propugnan como exigencia de la Fe un «compromiso temporal» que apunta a derribar el Régimen de Franco (1 bis). Fuerzas de oposición política buscan concierto con esos sectores católicos. Estos intentan forzar su representatividad, como portavoces de la Iglesia y del Concilio Vaticano II, denunciando el retraso de las mayorías y del Episcopado (2).

Un prelado había dicho en 1961: «La Jerarquía española no es un puntal del Régimen para sostenerlo, pero tampoco un ariete para derribarlo» (3). El Episcopado advierte que no se deben identificar lo opinable y lo exigible, velando así por la pureza de la doctrina y por la libertad de conciencia de los católicos; contra lo cual se revuelven algunos diciendo que eso es favorecer el continuismo. En algunas regiones hay acciones demostrativas de sacerdotes, mezcladas con movimientos nacionalistas y en ciertos casos con la violencia terrorista (4). A los Obispos, empeñados en aprovechar al máximo el Fuero, les fue difícil deslindar entre el derecho a la predicación y la infracción de la ley, sobre todo si se daba al mismo tiempo rebeldía contra la disciplina eclesiástica (5).

Notas

  1. Para entender la especial posición del autor, desde 1964, en cuanto a capacidad testimonial y documental, conviene señalar los datos siguientes. El autor, ordenado sacerdote en 1944, ejerció desde entonces hasta 1964 multiforme actividad en el ministerio sacerdotal, fuera de todo cargo de gobierno o representación y sin contacto directo con los focos de información o decisión. En el período 1964-1975, por disposición de la Santa Sede o con su asentimiento, tuvo entre otros estos cargos, que le han hecho testigo inmediato de muchos acontecimientos e ideas:

Obispo, miembro del Concilio Vaticano II; representante del Episcopado Español en el Primer Sínodo de Obispos en Roma (1967); ayudante de la Secretaría del segundo Sínodo (1969); miembro del Secretariado Pontificio para los No creyentes; miembro del primer Comité de enlace de las Conferencias Episcopales de Europa; obispo de Cuenca.

Secretario de la Conferencia de Metropolitanos Españoles en su etapa final (19641966); Secretario General de la Conferencia Episcopal Española desde su fundación (19661972).

Consiliario de la Junta Nacional de la Acción Católica Española y Presidente de varios organismos culturales y asistenciales de ésta; Presidente de la Unión Nacional de Apostolado Seglar (que reunía unos 90 organismos y movimientos apostólicos). Presidente de la Comisión Asesora de Programas Religiosos de Radio y Televisión Española; Procurador en Cortes.

  1. bis. Exposición de estas posturas, en «Boletín de Cuenca», septiembre de 1974, págs. 2021.
  2. Se pretendió utilizar a algunos obispos como palanca contra Franco. Así ocurrió al autor, particularmente cuando la prensa promarxista de Europa dio resonancia a su intervención sobre el ateísmo en el Concilio.
  3. El Obispo Auxiliar de Tarragona.
  4. Puesto que hemos de omitir la exposición de los hechos, hagamos una referencia sumaria a la documentación de Suárez, Franco, VI, 192-196; VII, 87-91, 94, 178, 348, 384-390.
  5. Cf. comunicaciones entre el Gobierno Español y la Conferencia Episcopal, del .9 de abril y 4 de julio de 1969: en «Boletín de Cuenca», 1974, págs. 252-267.