Padre Manuel Martínez Cano mCR.

San Juan de DiosTentación es la sugestión interior, motivada por causas internas o externas, que incita a pecar.

Tentación es todo lo que incita a pecar.

Las tentaciones actúan en el hombre de tres maneras:

a) engañando al entendimiento con falsas ilusiones, (me salvaré aunque siga pecando).

b) debilitando nuestra voluntad, haciéndola floja, a base de caer en la comodidad, la negligencia, etc.

c) instigando a los sentidos internos, principalmente la imaginación, con pensamientos de sensualidad, de soberbia, de odio, etc.

La tentación es pecado, no cuando la sentimos, sino cuando voluntariamente la consentimos.

La tentación sólo puede incitar a pecar pero nunca puede obligar a la voluntad a pecar, porque la voluntad permanece dueña de su libertad: “Fiel es Dios, que no permitirá que seáis tentados sobre vuestras fuerzas; antes dispondrá con la tentación el éxito para que podáis resistirla” (1ª Cor 10, 13).

La tentación se vence con la frecuencia de los sacramentos, la oración, la devoción a la Santísima Virgen, la mortificación de los sentidos y la huida de las ocasiones de pecado…

Para confesarse bien es necesario decir los pecados específicamente distintos al confesor. No se puede decir: “me confieso de todos los pecados cometidos contra el cuarto mandamiento”, porque contra el cuarto mandamiento se pueden cometer pecados específicamente distintos, como desobedecer a los padres o matar a los padres.

Son pecados específicamente distintos los que tienen objetos moralmente distintos, porque los actos se especifican por sus objetos. Así son pecados distintos: el robo, la blasfemia, el asesinato, la mentira, etc.

“Si alguno dijese que para la remisión de los pecados en el sacramento de la Penitencia no es necesario de derecho divino confesar todos y cada uno de los pecados mortales de que con debida y diligente premeditación se tenga memoria, aun los ocultos y los que son contra los dos últimos mandamientos del decálogo y las circunstancias que cambian de especie… sea anatema” (Concilio de Trento).

Para confesarse bien es necesario decir la cantidad aproximada de pecados cometidos: “Padre he faltado tres domingos a Misa”.