Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los Papas del descubrimiento (1492-1525)

León X

Papa León XLeón X, en una de tantas Bulas como empezaron a expedir los Papas para erección de nuevos Obispados en Indias, testifica conjuntamente el celo misionero de Fernando el Católico y de su nieto el emperador Carlos V (136).

(136) Se ha alabado mucho el apostólico anhelo de Isabel, menos, el de Fernando. Sin embargo, consta históricamente que Femando el Católico estaba penetrado de sentimientos misioneros dignos de su santa esposa. He aquí en qué términos escribía al Almirante Diego Colón: “Ahora, a los principios, se debe tener mucho cuidado en ordenar las cosas de manera que sean mejor doctrinados los indios de aquella isla… en las cosas de nuestra santa fe católica; y, pues, esto es el cimiento principal sobre que fundamos la conquista de estas partes, visto es lo que principalmente se debe proveer…” (Cedulario cubano, tomo I, pág. 318).

“Procuramos con frecuente atención que el culto de la verdadera fe y la religión cristiana aumenten y se propaguen en todas las partes del orbe…, sobre todo cuando vemos que algunos reyes cristianos no desean otra cosa, y nos damos cuenta de la conveniencia in Domino de ésta obra. Pues a la verdad, Fernando, de esclarecida memoria, rey de Aragón y de Sicilia, y regente, mientras vivió, de los reinos de Castilla y de León, para la alabanza y la gloria de Aquel del cual es la tierra y su plenitud, y todos los habitantes de ella, hace ya algunos años, preparó una escuadra potente y la envió al descubrimiento de nuevas islas en el Océano de las Indias, y se anexionó a sus reinos las notables islas descubiertas por sus barcos, entre otras las llamadas Hispaniola e Isabela (Santo Domingo y Cuba); y obtuvo el permiso de erigir en aquellas tierras dos iglesias catedrales: la de Santo Domingo y la de la Concepción de Nuestra Señora; poco antes de su muerte envió otra escuadra, que transportaba unos 2.000 hombres, con objeto de descubrir otras islas en el mismo mar, y nombró jefe de la misma al amado hijo nuestro Pedro de Arias; éste, habiendo navegado durante muchos días, llegó finalmente a cierta región, llamada vulgarmente Yucatán, de tanta extensión que aún no se sabe si se trata de una isla o de un continente, y a esta región la bautizó con el nombre de Nuestra Señora de los Remedios, y en ella, junto a la ribera del mar, construyó una ciudad o pueblo con su iglesia parroquial bajo la misma advocación de Nuestra Señora de los Remedios.

Ahora bien, nuestro carísimo hijo en Cristo, Carlos, Rey ilustre de Castilla y de León y de los demás reinos arriba mencionados, heredero y sucesor no sólo, de los reinos de dicho rey Fernando, sino también imitador de sus virtudes, habiendo hallado que la dicha tierra o isla (del Yucatán) ha sido explorada por sus enviados muchas leguas a lo largo y a lo ancho, y que son muchos los millares de hombres que la habitan, y que goza de un clima saludable y de un suelo fertilísimo, y que sus habitantes y aborígenes son capaces para la cultura y la civilización, y que con facilidad se adhieren a nuestra ortodoxa fe y abrazan con gusto sus costumbres y preceptos, y que ya no poca gente de la misma tierra o isla ha pasado a su dominio, y en ella ha hecho fundar muchas ciudades y ha obtenido que en ellas se puedan erigir iglesias parroquiales, y espera que pronto pasará a su poder una parte mucho mayor de la dicha tierra, y que, arrojadas las tinieblas de los errores la verdad de la luz iluminará en breve aquellas regiones, y Cristo, Redentor de todo el género humano, les será predicado; por todo lo cual desea en gran manera que la dicha, ciudad o pueblo, construido junto al mar, sea erigido en ciudad con el nombre de Carolense, y la dicha iglesia sea erigida en catedral bajo la misma advocación de Nuestra Señora de los Remedios…”

(Bula de erección del Obispado de Tlaxcala o Cárdense,

hoy Puebla de los Ángeles, en la península del Yucatán, Méjico,

13 de octubre de 1521.)