Madre Rafaela Mª de Jesús Hostia - 21Cuando llegaba el santo de mi padre con la cocinera y los niños del cortijo íbamos de puerta en puerta llamando a todas las casas de los cortijeros. La cocinera se disfrazaba, los niños hacían ruidos con el almirez, con tapaderas de cacerolas… Cuando la familia abría la puerta se encontraba con esa algarabía. Así quedaban todos invitados. El día de su santo, arreglábamos y adornábamos la explanada de la entrada de la casa y allí presidiendo mis padres hacíamos un castillo de fuegos artificiales y una gran merienda para festejar este día todos juntos. Era un día grande en el cortijo y no quedaba nadie sin asistir a esta fiesta de familia en la que gozábamos todos. Pasó un tiempo, y una tarde llamé como de costumbre a mi amiga Mª Luisa y le dije: ¿Vas con frecuencia a las monjas Capuchinas de Chauchina? Ella me contestó que sí, que casi todos los meses hacia el retiro en su Capilla. Entonces le pregunté que si podía acompañarle y quedamos para ir juntas. Llegó el día tan deseado para mí, me palpitaba el corazón muy rápido. Cuando entré en la Capilla y vi el Santísimo. Expuesto y aquella custodia tan hermosa, dije para mí: Aquí es donde yo me vengo.