Padre Manuel Martínez Cano mCR.

Niños dando gloria a DiosEn tres días ha muerto el bebé Lucas, de 10 meses y la bebé Lourdes, de 52 días, hijos de dos jóvenes madres, antiguas alumnas del Colegio Corazón de María. El sufrimiento natural es sobrecogedor, el sufrimiento sobrenatural es celestial. Dos nuevos bebés hacen la alegría de Dios y de la Virgen santísima. Los ángeles y los coros celestiales les están enseñando a adorar y alabar a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Pronto, muy pronto, estaremos con ellos gozando de la felicidad eterna de los bienaventurados.

El Génesis no narra la “creación” de la muerte: “Porque Dios no ha hecho la muerte, ni se complace destruyendo a los vivos” (Sabiduría 1, 13). Dios creó al hombre inmortal: “Dios creó al hombre incorruptible y lo hizo imagen de su propio ser” (Sabiduría 2, 2). Fue el Pecado Original de Adán y Eva quién introdujo la muerte en el mundo, la muerte del cuerpo humano; el alma es inmortal. “Por un hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron” (Romanos 5, 12). La muerte es la pena merecida por el pecado original.

Por la muerte de Jesús en la Cruz, la muerte del cristiano tiene un sentido hermoso ¡Sublime! San Pablo dice a los a los Filipenses: “Para mí, la vida es Cristo y morir una ganancia”. Y a su discípulo Timoteo, le escribe: “Es cierto esta afirmación: si hemos muerto con Él, también viviremos con Él” (Tim) ¡Eternamente!

Muchos de nuestros contemporáneos no quieren oír nada de la muerte, y menos aún de su propia muerte. ¿Cuándo moriremos? ¡Pronto! “Pasarán todas las cosas como sombras y como mensajero que corre… Así también nosotros apenas nacidos dejamos de ser” (Sabiduría 5, 9-13). Jesús nos advierte: “Estad, pues, preparados porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del hombre” (Lucas 12, 40).

Vamos a morir, luego debemos vivir como quien está seguro que va a morir, haciendo siempre y en todo la voluntad de Dios. Siempre preparados, siempre en gracia de Dios. Puedo morir repentinamente. Dicen los mundanos que “Hay que gozar de la vida, porque no se repite”. Es verdad que nuestra vida terrena no se repite. Se prolonga eternamente en el Cielo. Eterna felicidad o eterno sufrimiento en el infierno.

Santa Teresa de Jesús “Moría porque no moría” y exclamaba: “Yo quiero ver a Dios y para verlo es necesario morir”. Sí, la muerte es una hermosura celestial: “¡Cuán dulce es morir después de haber tenido en vida verdadera devoción al Corazón del que nos va a juzgar!” (Santa Margarita María). “¡Qué consuelo siente mi alma al pensar en la muerte!” “¡Veré a mi Dios cuando muera!” (Santa María Micaela). “Yo no muero, entro en la vida eterna” (Santa Teresita del Niño Jesús). “¡Qué suave y dulce es la muerte para las almas que le han amado sólo a Él!” (Santa Isabel de la Trinidad).

La Iglesia exhorta a los cristianos a que nos preparemos para la hora de nuestra muerte, pidiendo a la Madre de Dios, continuamente, que interceda por nosotros: “En la hora de la muerte” (Ave María).

Con toda confianza, pidamos a San José, patrono de la buena muerte, que esté junto a nosotros, en la hora de nuestra muerte, que nos alcance de su Hijo y de su Esposa la gracia de vivir con ellos eternamente felices en el Cielo.