Papa Francisco

San Dionisio de Corinto - ObispoEn las próximas catequesis quisiera dar respuesta a algunas preguntas importantes sobre la Eucaristía y la Misa, para redescubrir, o descubrir, cómo a través de este misterio de la fe resplandece el amor de Dios. El Concilio Vaticano II fue fuertemente animado por el deseo de conducir a los cristianos a comprender la grandeza de la fe y la belleza del encuentro con Cristo.

Cardenal Carlos Osoro Sierra

Dios nos ha mostrado cómo nos ama en Jesucristo y nosotros respondemos con ese mismo amor construyendo la fraternidad desde la donación, el perdón, la renuncia y la ayuda al hermano. Un amor que se nos muestra en el Hijo de Dios que se hizo hombre, muerto y resucitado. Que ofrece la salvación a lodos los hombres como un don de la gracia y de la misericordia de Dios. ¿Reconoces al Señor que te ama? ¿Te reconoces en el Señor, en su amor?

Cardenal Raymond Leo Burke

Una vez más, refiriéndose a las enseñanzas del Concilio Ecuménico Vaticano II, el Catecismo de la Iglesia católica declara: Aquí es donde se ejercita de manera privilegiada el sacerdocio bautismal del padre de familia, de la madre, de los hijos, de todos los miembros de la familia, “en la recepción de los sacramentos, en la oración y en la acción de gracias, con el testimonio de una vida santa, con la renuncia y el amor que se traduce en obras” (LG 10). El hogar es así la primera escuela de vida cristiana y “escuela del más rico humanismo” (GS 52, 1). “Aquí se aprende la paciencia y el gozo del trabajo, el amor fraterno, el perdón generoso, incluso reiterado, y sobre todo el culto divino por medio de la oración y la ofrenda de la propia vida”. (LG 22).

Cardenal Antonio Cañizares Llovera

No me toméis a mal lo que os digo; es para vuestro bien y el bien de las nuevas generaciones y de la Iglesia. Hacedme caso y colaborar conmigo, con las directrices de la Iglesia. No olvidemos jamás las palabras del mismo Jesús, llevado de todo su celo de Hijo por la gloria del Padre, en toda su hondura y gravedad: “Mi casa es casa de oración”. Contribuiremos si lo hacemos así conforme a las indicaciones que os ofrezco a ir superando la secularización tan grande que padecemos y que es necesario superar. De esta manera contribuimos al culto en “espíritu y verdad”, que nos dice Jesús, y a cumplir lo que manda el Primer mandamiento de amar a Dios sobre todas las cosas.

Cardenal Juan José Omella Omella

Nuestro mundo no lo cambian las estructuras, sino las personas; no lo cambian los sistemas, sino la calidad de nuestras relaciones humanas. Cuando estas se mueven siguiendo los criterios de Jesús, todo se renueva. Dios sufre ante la división y rotura de nuestras relaciones. La víspera del sacrificio de la cruz, Jesús mismo rezó al Padre por sus discípulos y por todos los que creeríamos en Él. Jesús rezó al Padre: “para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti” (Jn 17, 21). Jesús nos invita a que nos hagamos propia esta oración para que se vaya forjando una comunión viva y vivificante que, poco a poco, transforme nuestras relaciones humanas. Transformando estas relaciones interpersonales, se transformará el mundo.

Obispo Giampaolo Crepaldi

La Iglesia ya no protesta por esto y no apuesta por formas de educación alternativa -como las escuelas parentales-, que serían el único modo para que ella, la Iglesia, volviera a educar a los niños a través de la reapropiación de la función educativa de los progenitores. La escuela parental no es sólo la escuela de los padres, sino que es también la escuela de la Iglesia a través de los padres. Sería un modo para volver al principio según el cual los hijos son de Dios, y no del ministro de educación.

San PÍO X

  Pascendi Dominici Gregis  (37)

A pesar de eso, se engañaría muy mucho el que creyese que podía opinar que la fe y la ciencia por ninguna razón se subordinan la una a la otra; de la ciencia, sí se podría juzgar de ese modo recta y verdaderamente; mas no de la fe, que, no sólo por una sino por tres razones está sometida a la ciencia. Pues, en primer lugar, conviene notar que todo cuanto incluye cualquier hecho religioso, quitada su realidad divina y la experiencia que de ella tiene el creyente, todo lo demás, y principalmente las fórmulas religiosas, no sale de la esfera de los fenómenos, y por eso cae bajo el dominio de la ciencia.