Pablo

Pudor y castidad  (74)

San Francisco SolanoLa experiencia nos asegura ampliamente que, en igualdad de condiciones, es mucho mejor la salud psíquica y somática de los hombres y mujeres castos, que de quienes son lujuriosos. Los cónyuges que permanecen castos, fieles a su amor, tienen una vida total mucho más sana que la de aquellos que andan jugando con infidelidades y adulterios o son adictos a la pornografía. Por otra parte, los célibes no tienen peor salud psicosomática que los casados, y con frecuencia alcanzan una notable longevidad laboriosa: el santo Cura de Ars, metido 12 o 14 horas diarias en el confesonario; un Juan Pablo II, lúcido y activo hasta su muerte, etc. Pero sigamos con la misma analogía, aplicándola a sociedades y culturas. (José María Iraburu)

El testimonio de nuestra fe

En ningún caso se borrarán las conclusiones de aquellos Concilios en que se hizo limpieza de las herejías que deformaban la Palabra de Cristo, o negaban la unidad esencial de la Iglesia que fundó sobre la firmeza pétrea y la autoridad de San Pedro. Esto es aplicable a los luteranos, a cuya conversión no ayudaremos con gestos relativistas, sino con el testimonio de nuestra Fe, nuestra Esperanza, nuestra Caridad y nuestras oraciones. (Carlos González Flórez – EL PAN DE LOS POBRES)

Cualquier discusión era inútil

Recuerdo especialmente una tarde cuando dos cardenales de nuestro círculo, que habían estado ausentes hasta ese momento -porque eran miembros del grupo de los diez Padres Sinodales, encargados por el Papa de la elaboración de relato final- llegaron justo a tiempo para tratar un punto que para ellos y otros Padres de países occidentales parecía ser de la máxima importancia: el párrafo sobre los homosexuales y, en general, la forma en que el documento debía mencionar la homosexualidad. Pude convencerme de que cualquier discusión era inútil, porque los padres que dominaban el debate en nuestro grupo parecían haber establecido muy firmemente su posición y no querrían escuchar otros argumentos. Parecían haber decidido que era imprescindible mencionar a los homosexuales en el documento del Sínodo sobre la familia. Y que fuera necesariamente de manera positiva. (María Virginia Olivera de Gristelli – CÁRITAS in VERITATE – INFOCATÓLICA)

Nuestro problema presente

Digo todo esto, no para ser pedante, sino para dejar claro que la conciencia no puede de ninguna manera asumir la jurisdicción sobre la ley natural o divina. Sobre la ley civil, sí; sobre la ley natural o divina, no. Ahora, ¿qué pasa con la ley eclesial? La ley eclesial, en su sentido estrecho como ius canonicum, es, claramente, una forma de ley civil o positiva, que debe siempre medirse por la ley natural y divina, y por tanto también por la conciencia. Pero este no es nuestro problema presente. Nuestro problema presente -y una buena componente de la crisis actual- es que la conciencia está siendo malinterpretada como una fuente de autoridad moral junto con la ley natural y divina: una fuente capaz de anular, no simplemente el ius canonicum y la disciplina sacramental, sino también la enseñanza de Dios y la lex credendi, en las cuales se basa la disciplina. (Douglas Farrow)

Opinión piadosa

En efecto, teólogos como Ramón Llull y Juan de Segovia habían defendido en la Edad Media este privilegio mariano, que entonces sólo era una “opinión piadosa” dentro de un debate en el que había férreos opositores a ella. (Fr. Santiago Cantera Montenegro, O.S.B. – EL PAN DE LOS POBRES)