Padre Manuel Martínez Cano mCR.

San Juan Pablo II - Santiago de CompostelaEl que fue Presidente del Pontificio Consejo de Cultura Cardenal Paul Poupard, a la pregunta del periodista: “Se puede ser católico y nacionalista, ¿no?”, contestó: “No: el nacionalismo cultural implica desprecio o aversión hacia otros. Sí está bien el patriotismo: sentir amor por el propio país. Es la posición ecuánime entre el cosmopolitismo y el nacionalismo cultural”.

El Concilio Vaticano II, en el Decreto ad gentes, dice: “Los cristianos cultiven como buenos ciudadanos, real y eficazmente, el amor a la patria; eviten completamente, sin embargo, el desprecio a otras razas y el nacionalismo exacerbado”. San Juan Pablo II dijo: “El cristiano debe amar su patria terrena. El amor hacia la patria es una virtud cristiana; sobre el ejemplo de Cristo, los primeros discípulos siempre manifestaron una sincera “pietas”, un profundo respeto y una limpia lealtad en relación con la patria terrena”.

Sí, al patriotismo cristiano; no al nacionalismo exacerbado. La virtud del patriotismo nos impulsa a amar la tradición, historia, religión, himno, bandera, etc. de nuestra patria. La virtud del patriotismo nos impone la obligación de amar especialmente a nuestra patria y defenderla hasta el punto de dar la vida por ella, como hicieron nuestros mayores. La patria es nuestra madre. El cristiano tiene el sagrado derecho y deber de amar a su patria. San Juan Pablo II dijo en Polonia: “Me siento un Papa que tiene el sacrosanto derecho de compartir los sentimientos de su patria”.

El patriotismo verdadero no será nunca, como algunos dicen, un ataque o desprecio a las demás naciones. Todo hijo tiene deberes más estrictos para con su propia madre que para las madres de los demás. El amor a la propia madre no impide el respeto y amor a las demás madres. El amor de predilección de nuestra patria sobre todas las demás naciones es perfectamente conciliable con el respeto a todas las naciones y la caridad universal, que nos manda amar al mundo entero.

El cosmopolitismo de los hombres sin patria, que dicen ser ciudadanos del mundo, no es cristiano, Pío XII se quejaba, ya en su tiempo, de que había cristianos que incluso evitaban pronunciar la palabra “patria”, reemplazándola con otros nombres. Amemos a nuestra patria, España, la nación de eterna cruzada: “Gracias sobre todo a esa sin par actividad evangelizadora, la porción más numerosa de la Iglesia de Cristo habla y reza a Dios en español. ¡Gracias España; gracias, Iglesia en España, por tu fidelidad al Evangelio y a la Esposa de Cristo!” Gracias, San Juan Pablo II.