Isabel

Cultura decadente

Niño besando a la Virgen MaríaEl término europeo alude, en el uso que aquí le daré, primeramente, a una realidad cultural o ética en el más completo sentido de la palabra, es decir, a un modo de ser de un hombre o de un pueblo que brota de la actividad que realiza. El ethos europeo incluye, me parece, lo que los antiguos griegos entendieron por paideia, es decir, la educación, entendida como la formación corporal, moral e intelectual de los hombres de acuerdo a sus propias capacidades y a su tradición histórica. La paideia sitúa a la razón en un lugar central de la organización de toda la vida práctica, y conduce a que ésta, trascendiendo de sí misma, quede coronada por una intensa actividad de la razón teórica. No es otra cosa lo que dio lugar a la filosofía y la ciencia, por un lado, y a los órdenes políticos y moral fundados en la razón, por otro. Esta fundación racional de la vida humana, hasta el día de hoy, me parece, no existe en culturas distintas a la europea. (José Luis Widow Lira – VERBO)

La Unión Soviética y Estados Unidos

El embajador W. Averell Harriman confiesa: “Stalin pagó tributo por la asistencia brindada por los Estados Unidos a la industria soviética antes y durante la guerra. Dijo que aproximadamente dos tercios de todas las grandes empresas industriales en la Unión Soviética han sido construidas con la ayuda o la asistencia técnica de los Estados Unidos (Mn. José Ricart Torrens – CATECISMO SOCIAL)

La blasfemia (80)

Por la blasfemia. Muchos son los castigos caídos sobre los blasfemos. Así como la adoración es el acto más sublime que la criatura puede hacer con su creador, la blasfemia es uno de los peores pecados. El Dr. Spirago en su libro sobre Doctrina Moral cita muchos ejemplos de castigos divinos por causa de la blasfemia. Por su brevedad citamos el caso del republicano Alberto Mario, redactor-jefe de la hoja “La Liga de la Democracia”, que muy a menudo injuriaba a Dios en sus discursos. En 1883 se le declaró un cáncer en la lengua y murió con atroces sufrimiento. (Jaime Solá Grané)

Destruir la familia

“El ideal de la política gubernamental debe ser asegurar a las familias urbanas y campesinas la propiedad de familia, y protegerla luego con una legislación eficaz. Precisamente, lo contrario de la política liberal y socialista, empeñada en destruir a la familia, ya con leyes nefastas que atentan a la indisolubilidad del vínculo matrimonial o que relajan, por la enseñanza pública normalista e imbecilizada, la autoridad y educación paternal, ya con leyes sobre la división de la herencia, inspiradas en el Código de Napoleón, o sobre la imposición de hipotecas al propio bien de familia. (Javier de Miguel – VERBO)

Renegar de la Verdad

Téngase presente que, como propongo en el concepto, alejarse de Dios es renegar de la Verdad, es rechazar la Sabiduría y la Ciencia mismas; en tal sentido, la secularización es un progresivo avance del error en todos los niveles y sectores del saber y de la actividad humanos. Aquí está la raíz del gnosticismo, tal como nos explicara Danilo Castellano: la negación de la Verdad y la imposición (autoafirmación) del hombre como verdadero. (Juan Fernando Segovia – VERBO)

La mujer

Edith Stein

También una mujer así, si no se libera de sí misma desde el principio, no tomará sobre sí la carga de la maternidad, no encontrará una correcta relación hacia los niños: ocuparse de ellos o no según el humor, mimarlos o tratarlos duramente de una manera incorrecta, pondrá todas las exigencias egoístas en sí -en una palabra hará todo aquello a lo que está inclinada, promoverá resistencias y frenará el debido desarrollo en vez de encaminarlo y promoverlo-

Embrutecer a los súbditos

Escribió Étienne la Boétie hace unos cinco siglos: “embrutecer a los súbditos, no se puede conocer más claramente que por lo que hizo Ciro a los lidios cuando, tras haberse apoderado de Sardes, la capital de Lidia, se le dio la noticia de que los sardos se habían sublevado. Pronto los hubo reducido bajo su mano; más, no queriendo saquear ciudad tan bella, ni verse siempre en la dificultad de mantener en ella un ejército para guardarla, se le ocurrió un gran remedio para asegurársela: estableció burdeles, tabernas y juegos públicos, e hizo publicar una disposición según la cual sus habitantes debían frecuentarlos. Esta guarnición resultó tan eficaz, ironizaba Étienne de La Boétie, que desde entonces nunca más fue necesario utilizar la espada contra los lidios: estas pobres y miserables gentes se entretuvieron en inventar toda clase de juegos”. (Dalmacio Negro – RAZÓN ESPAÑOLA)