Francisco Elías de Tejada

Jesús en cadenado en la columnaMas semejantes Fueros libérrimos, eje de un imperialismo propagador de libertades, carecerían de sentido español si lo que suponían de diversidad no estuviera engarzado en la fe en el mismo Dios y en la fidelidad al mismo Rey. Dios y Rey, Catolicismo y Monarquía, razón de ser de nuestra historia y ejecutor de los ideales de la libertad anidada en el regazo de la fe, son dos elementos sin cuya consideración aquellos otros aspectos de las libertades concretas catalanas serían frutas secas del árbol desprendidas, hueras de sentido al romperse el armónico conjunto social que fue la ejemplar temática política de la Cataluña clásica.

Y ¡qué sentido prodigioso, casi de milagro perpetuamente renovado, corre por los hilillos fecundos de las acequias de la historia Catalana, a modo de riego vivificador que mantiene en pie el discurrir de los sucesos ensartándolos en la explicación cristiana de un providencialismo salpicado de renovadas diarias maravillas!

Ya el epitafio de Ramón Berenguer IV esculpido en 1062 expresa esa epopeya arrebatadora de quien reina a fuer de instrumento del Altísimo, porque “et sine iactura tenui Domino sua jura”.

Con la leyenda áurea del Rey Conqueridor Dios preside la historia catalana, regalo celestial de creer en lo que en la Crónica está escrito, como puesta “per memória a aquells qui valdrán ohir de les gracies que Nostre Senyor nos ha fetes”, según expresa confesión del “Proemi”. Pedro el Ceremonioso confiesa deber las victorias conseguidas a “Deus, qui es jutge e senyor de les batalles”, bajo cuya mano todopoderosa discurren los afanes de la Casa de Aragón en un acontecer en donde no se sabe dónde empieza lo humano o dónde concluye lo divino. En Ramón de Muntaner asoma estremecida de ejemplaridades bíblicas, la protección celestial a los reyes de su bienamado “Casal d’Aragó”: nubes que encubren a los catalanes mientras las huestes almogávares entonan la Salve, castigos directos de Dios sobre los rivales Anjou, viejos de vestiduras albas mensajeros de la voluntad divina, victorias en Calabria y en Tarento sobre los franceses “per obra de Deu, qui abaixa lo llur orgull e exalçava la humilitat que el senyor rei d’Aragó había”. Es la íntegra historia del Principado igual que un alud que avanza atormentado de misterios, cumpliendo los designios de una Providencia que les regala tierras y les bendice mares, que les encarga fundar reinos y propagar la fe, fantástica epopeya encandilada en el vértigo de cumplir los designios del Dios de las Verdades.

Admira el contraste armónico que une en Cataluña al realismo pragmático en organizar las libertades concretas con este airón arrebatador de creerse el brazo armado de Dios sobre la Tierra; fulgurante contraste que es el más recóndito secreto del alma de este pueblo, mixtura de comerciantes con poetas, de varones sensatos con locos enardecidos de quimeras, donde aparece un Ramón Llull con vestes de Quijote a lo divino y donde recobra su seso el buen Alonso Quijano; donde el Ramón de “La Puntual” de L’auca del senyor Esteve anda emparejado con el Joanet “afamat d’idealitat” de El catalá de La Mancha. Cara y cruz del alma catalana que, de esta guisa, por caso único, fraguó un sistema político en el que la libertad gozada era parte de la grandeza del Cristo bien servido.

La historia fue providencialismo y el derecho fue sistema de libertades concretas. ¡Portentoso equilibrio raras veces, si es que alguna otra vez, conseguido por los hombres! Los españoles de las otras tierras de las Españas venimos por ende a Cataluña en tareas de aprendizaje, a bucear en la entraña celular de sus instituciones, a averiguar las urdimbres de alcázar político de dimensiones tan cabales, seguros de que al rehacer la Tradición catalana, al dar soplo de vida actual a tantas sistemáticas perfectas, habremos ganado perspectivas de eficacia única, cuyo valer ni siquiera sospechan los propios catalanes entre olvidadizos deslumbrados por absurdas forasterías de moda o demasiado afanosos en la respectiva “puntual” de sus negocios familiares. Dios nos ayude a conseguir en estas Jornadas Culturales, llevados de la mano de ponentes tan preclaros como Juan Casañas, Juan Vallet de Goytisolo y Luis Luna, descubrir los escondrijos secretos de este equilibrio entre Sancho y Don Quijote que es la llave para entender el alma de los hijos del Principado de Cataluña.

(VERBO)