Francisco Elías de Tejada

La Virgen María y SatanásLibertad al servicio de Dios garantizada por los reyes. Nada existe más descaminado que pretender descifrar la historia catalana prescindiendo de aquel Casal de Aragón cuyo apellido fue grito de guerra en las batallas, larga cadena de generaciones que labraron con meticulosidad tenaz de noble artesanía política lo que el Principado ha sido en la sucesión de los siglos. Cataluña es lo que es por obra de los trabajos de los Condes de Barcelona; sin ellos no existiría, daría en polvareda anónima sin nombre ni fronteras. Ellos fueron, los Ramones y los Berengueres, los Borrell y los Wilfredos, quienes redujeron a unidad los descoyuntados pedazos de los condados, quienes ganaron paso a paso, año tras año, lanzada tras lanzada, las tierras que ocupaba la morisma. Ellos fueron quienes desligaron la Marca Hispánica, orgullosa de sus tradiciones visigodas, de la extraña hegemonía carolingia. Y sus sucesores, los Pedros, los Jaimes, los Alfonsos, fueron quienes capitanearon la expansión mediterránea de las Españas en el ramal catalán, quienes con paciencia de artífices tallaron una a una las piezas del Imperio, quienes supieron asegurar libertades incomparables para tales tiempos a la sombra augusta de sus cetros poderosos.

La identificación del pueblo con sus señores vino así por consecuencias lógicas de agradecimiento, de verse representados en los ideales de las gentes. La coyuntura de Caspe dijo lo que era la realeza en el entramado de las Instituciones de la Corona de Aragón, cómo sin la realeza el sistema total caía por los suelos. Y los reyes estaban orgullosos de tener tales súbditos, rendidos en el mutuo afán de las emulaciones generosas. En la sesión de las cortes barcelonesas del 25 de junio de 1436 hacía constar el secretario Ramón Batlle: ¡Oh, com són notables les coses que es troben en les chróniques e históries antigues que los del Principar de Catalunya han fetes perla honor e amor de son Rei, Princep e Senyor, e com era de gran resplandor la cimera que portaven sobre lo llur cap, entre tates les gentes e nacions del món, així propinques com remotes!”.

Tras la libertad y el providencialismo, tercera característica de Cataluña: su fidelidad monárquica.

(VERBO)