Pablo

El liberalismo confusión de muchos cristianos

Jesús ayudado por Cirineo con la CruzEs bastante obvio que el liberalismo, y más en su versión religiosa, ha escandalizado a muchos. Es decir, ha hecho tropezar a muchos cristianos. Ha inducido a confusión. Ha sido causa de extravío para muchos católicos, sin excluir clérigos ni obispos, desviándolos por los caminos del catolicismo liberal. Y es también obvio que esto ha sucedido especialmente con los cristianos más sensibles a los halagos del mundo y más temerosos de sus condenaciones o persecuciones. El Padre Félix Sardá i Salvany, observa cómo la iniquidad liberal instalada en la mente de sacerdotes y obispos se convierte en motivo de escándalo, es decir de tropiezo, de los fieles que, por ese motivo, terminan por encontrar aceptables las opiniones liberales. (Javier Ravasi)

Epicúreos

Por otro lado está la concepción de felicidad de los epicúreos, que consiste en disfrutar de los placeres con moderación. Se trata de conformarse con lo que uno tiene, huyendo de las pasiones desbocadas. “No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita”. Confórmate con lo que tienes y no sufras por no poder alcanzar lo que no tienes. Disfruta de una comida sencilla, de un paisaje, de un jarrón con flores, de un frutero que cualquiera puede tener en la cocina de su casa. Ahí está la felicidad: en disfrutar de los placeres sencillos de la vida y dejar de preocuparse y de luchar por alcanzar lo imposible. Esta felicidad, como se ve, es puro hedonismo. (Pedro L. Llera)

La Tradición de la Iglesia

El auténtico avance del cristiano no se mide en kilómetros horizontales recorridos, sino en ascensos hacia el Sol de las almas. Como asciende quien se sube a los hombros de gigantes -la Tradición de la Iglesia- y ve más lejos, aunque algunos le reprochen que no camina, que está muy cómodo allí (¡y claro que lo está!), y que debe hacer “su propia experiencia”… Ésta es la suya, esta es la experiencia propia del cristiano: vivir anclado a la Verdad, con la claridad de la Mujer vestida de Sol, que todo lo ilumina, y sin quien todo se oscurece, como las tenebrosas herejías que ensombrecen las almas. Porque ¿cómo ser católico sin Ella?… ¿Cómo ser acogidos como hijos por el Padre si repudiamos o rebajamos la dignidad de la Madre? (María Virginia)

Voluntad negociadora

En 1928 un vengador cristero mató al general Obregón, que había vuelto a convertirse en presidente. El nuevo presidente Portes Gil manifestó una cierta voluntad negociadora y en ese momento intervino decisivamente el gobierno de Estados Unidos a quien en absoluto convenía la victoria de los Cristeros. Sus ejércitos se fortalecían mientras los del gobierno estaban en declive y es que el gobierno de lo que empezaba a llamarse PRI (“Partido Revolucionario Institucional” había entregado a Estados Unidos y sus empresas el petróleo y otros sectores económicos del país). Los Cristeros defendían una política más patriótica. (Javier Navascués Pérez)

Magnificencia

La munificencia o magnificencia es una virtud excelente que pueden practicar los ricos. Así emplean bien las riquezas que Dios les da para que las administren generosamente. Muchas instituciones de beneficencia de la Iglesia pasan apuros por falta de recursos. Y cuántas más instituciones podrían fundarse. La Iglesia necesita ricos -pobres en el espíritu- fieles al Evangelio de Cristo. De ellos es también el Reino de los Cielos. (Julián Jarabo Ruiz – AVE MARÍA)

El padre Solá habla del demonio (41)

Fijaos que los milagros que hacía Cristo, y en esto se distinguía de todos los profetas y de todos los santos, los hacía en nombre propio, no en nombre de Dios. Los santos y los exorcistas y demás siempre lo echan en nombre de Cristo y de María Santísima, no en nombre suyo propio. Y Cristo decía: “Yo te mando”, y el demonio se rebelaba. “Márchate de aquí”, y el demonio no tenía más remedio que marcharse. Lo que vemos, con esto se prueba la divinidad de Dios y de la Iglesia. La existencia de Dios y la divinidad de la Iglesia Católica. (P. Francisco de Paula Solá S.J.)

Pudor y castidad  (125)

No sólo el celibato, la virtud de la castidad en general, ha de guardarse en la humildad, alejándose de aquellas ocasiones próximas de pecado que son evitables. El uso abusivo de la televisión, por ejemplo, o la aceptación pasiva de modas y costumbres absolutamente indecentes no solamente dañan con gran frecuencia la castidad, sino también -y antes- la humildad. (José María Iraburu)