Padre Manuel Martínez Cano, mCR.

Jesús encadenado“Llegó Judas… y al instante, acercándose a Jesús dijo: “Salve, Rabbí. Y le besó. Jesús le dijo: “Amigo ¿a qué vienes?”. “Judas con un beso entregas al Hijo del hombre”. Aquel beso hubo de causarle repugnancia mayor que las asquerosas salivas de sus enemigos ¡Pena hondísima la del Corazón de Jesús! ¡Qué horrible ejemplo! Judas fue uno de los doce privilegiados, compañero de Pedro, de Juan… tal vez hizo milagros, fue algún tiempo fervoroso… la caída no fue repentina, quizás comenzó por una afección desordenada de codicia que le llevó a hurtar.

¡Cuidado! El diablo desata pasioncillas Judas si hizo falso doblado. Interés por los pobres…

“¿A quién buscáis? A Jesús de Nazaret ¡Yo soy! retrocedieron y cayeron en tierra”. Magnífica manifestación del poder de nuestro Rey; solo una palabra suya bastó para dar en tierra con todos sus enemigos. ¡Qué poder manifestará en el juicio universal! San Ambrosio: “Cuando leemos que fue Jesús detenido, guardémonos de pensar que fue preso contra su voluntad y como si fuera débil” ¡Fue nuestro amor quién le movió a dejas prender! A Jesús van a buscarlo con palos y como ladrón y nosotros queremos que nos guarden consideraciones y se nos trate con honra.

“Uno de los que estaban con Jesús extendió la mano, y sacando la espada, hirió a un siervo del pontífice, cortándole una oreja” (Mateo 26, 51). ¡Muy bien, Pedro! ¡Hay que defender a Cristo! “Deja la espada o crees que no puedo rogar a mi Padre, quien pondría a mi disposición al punto más de doce legiones de ángeles” “¿Cómo van a cumplirse las Escrituras de que así conviene que sea?”. Que sea como lo dicen las Escrituras, pero a Cristo hay que defenderlo.

“El cáliz que me dio mi Padre, no he de beberlo” (Juan 18, 11). Siempre lo mismo el deseo ferviente de hacer la voluntad del Padre.

“La corte pues, y el tribuno y los aguaciles de los judíos se apoderaron de Jesús y le ataron” (Juan 18, 12) (Marcos 14, 50) “y abandonándole, huyeron todos” Y yo ¿le volveré a abandonar?

Juan 18, 13: “Y le condujeron primero Anás, porque era suegro de Caifás, pontífice aquel año” Caifás lo tenía todo… menos la estima de las gentes honradas. Era manejado por Anás, jefe del partido sacerdotal que maquinaba la muerte de Jesús. A Jesús le llevaban fuertemente amarrado, a empujones e insultándole.

Juan 18,19: “El pontífice pregunto a Jesús sobre sus discípulos y sobre su doctrina. Respondióle Jesús: “Yo públicamente he hablado al mundo; siempre enseña en las sinagogas y en el templo, a donde concurren todos los judíos; nada hablé en secreto ¿qué me preguntas? Pregunta a los que me han oído que es lo que yo les he hablado; ellos deben saber lo que les he dicho. Habiendo dicho esto Jesús, uno de los aguaciles, que estaba a su lado, le dio una bofetada, diciendo: “¡Así respondes al pontífice! Jesús le contesto: “Si hablé mal muéstrame en qué, y si bien ¿por qué me pegas?” ¿Por qué le pegas a Jesús? ¿Por qué hablas mal del prójimo? ¿Por qué mientes? ¿Por qué no te levantas del lodazal de la lujuria?

De casa de Anás, le llevaron a casa de Caifás. Juan y Pedro los siguieron a escondidas. Pedro tenía miedo y fue junto al fuego que había en el patio. Lucas 22, 56-57: “Viéndole una sierva sentado a la lumbre y fijándose en él dijo: “Este estaba también con Él. Él lo negó, diciendo: “No lo conozco mujer”. La negación de Pedro fue motivo grande de amargura para el Corazón de Jesús. Tres veces le negó y hasta con juramento. Terminado el juicio, bajaron a Jesús de la sala donde se habían reunido el Sanedrín al patio inferior y pasó por donde estaba Pedro calentándose. Lucas 22, 61: “Vuelto el Señor, miró a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra del Señor cuando le dijo: “Antes que el gallo cante hoy me negarás tres veces; y saliendo fuera lloró amargamente. ¡Ah si nosotros llorásemos amargamente nuestros pecados!

La mirada de Jesús conmovió profundamente a Pedro ¡Mira a Jesús y deja que Él te mire! Pedro cayó y ¿tú después de tantos propósitos, peticiones y ofrecimientos volverás a caer? ¿Seremos fieles al Señor o traidores? Si traicionamos al Señor, como Pedro somos presuntuosos y confiamos más en nuestro pasajero fervor que en auxilio de la gracia. Sí. Si, como Pedro, nos dormimos en la oración y no perseveramos en ella. Sí, Si, como Pedro seguimos a Jesús de lejos y nos metemos en la ocasión y en el trato con los enemigos de Cristo. ¡Como Pedro caeremos! Y si tenemos la desgracia de caer, como Pedro levantémonos.

El Señor, el Omnipotente, cuyas manos todo lo pueden, todo lo han hecho, todo lo conservan y mantienen atado y reducido a la impotencia más absoluta. El abuso de nuestra libertad de nuestros pecados… y Jesús se deja atar ¡Por mi amor Jesús atado! ¿Y yo me ato el amor de Jesús para cumplir siempre y en todo la voluntad divina? ¡Cuántas veces nos parecen intolerables las ligaduras del deber o del amor a Jesús! ¡Cuántas veces nos dejamos esclavizar por las ligaduras de las pasiones desordenadas!

Átate al amor de Jesús de tal manera que en la misma muerte te repare de Él.

El Sanedrín convocado por Caifás, es un Tribunal Supremo constituido por 71 miembros. Príncipes de los sacerdotes, doctores de la ley y ancianos jefes de las principales familias. Mayoría fariseos, hipócritas, saduceos, escépticos y epicúreos, que no admitían la inmortalidad del alma, la resurrección de la carne, ni la vida eterna. ¡En tales manos estaba la causa de Jesús!

Y como no encontraban nada de que acusarle buscan un falso testigo. Pero ni por esas. Entonces airado Caifás, puesto en pie, conjuró en nombre del Dios vivo a Jesús para que dijeses si era el Cristo el Hijo de Dios.

Mateo 26, 64: “Tú lo has dicho. Y yo os digo que un día veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del Cielo. Entonces el pontífice rasgó sus vestiduras, diciendo ha blasfemado” ¿qué necesidad tenemos de más testigos? Acabéis, de oír la blasfemia. ¿Qué os parece? Ellos respondieron “Reo de muerte”. Entonces empezaron a escupirle el rostro y a darle puñetazos. Y otros le herían en la cara, diciendo: “Profetiza, Cristo ¿quién te hirió?”.

¿Quién? ¡Yo! Jesús condenado a muerte por mis pecados. Jesús tú sabes que te amo.