Montserrat

Experiencia histórica

Jesús Crucificado implorando al PadreEl hombre que no está arraigado en la tierra sufre la forma más aguda del desamparo y la alienación, y por lo tanto se inclina a dejarse llevar constantemente por experiencias pasajeras superficiales que en definitiva lo dejan más angustiado y vacío que antes. El estar arraigados en la tradición nos preserva de volvernos prisioneros de las referencias de las presentaciones contemporáneas sobre lo que es real y lo que no lo es. Esto es así porque el arraigo en la experiencia histórica nos brinda los elementos interpretativos necesarios para permitirnos discernir lo que es real de lo que en definitiva no lo es. La virtud de la prudencia está anclada en la experiencia histórica y personal y debe llevarnos en forma sabia a adoptar las adecuadas disposiciones para el futuro. (Mons. Ignacio Barreiro Carámbula – Verbo)

La sociedad permisiva

En la fase segunda, dominante, de gran expansión del capitalismo, todos esos valores y esas virtudes son otras tantas trabas de las que hay que liberarse cuanto antes. La llamada “moral burguesa” salta en pedazos y hace eclosión la sociedad permisiva. Tuvo que ser Pasolini, “intelectual orgánico” por excelencia, quien comprendiera quién iba a salir ganando con la “revolución cultural” de la contracultura. La burguesía capitalista hizo suyas las modas ideológicas e indumentarias de la juventud respondona y convirtió sus símbolos, sus ritos, sus músicas y sus danzas en rentables artículos de consumo. ¿Ha pensado alguien en el dinero que habrá hecho el fulano que tuvo la ocurrencia de vender camisetas con la santa faz del Che Guevara? (Aquilino Duque – Razón Española)

Qué representan los Parlamentos

Como el hombre abstracto no se encuentra en la realidad y el verdadero individuo es irrepresentable, ¿qué es lo que queréis vosotros representar en el Parlamento? Lo que se da es el hombre concreto, el hombre-grupo, que pertenece siempre a una clase determinada. (Juan Vázquez de Mella – El Verbo de la Tradición)

Pequeño Cielo

Oh Jesús, cuando vienes a mí (en) la Santa Comunión, Tú que Te has dignado morar con el Padre y el Espíritu Santo en el pequeño Cielo de mi corazón, procuro acompañarte durante el día entero, no Te dejo solo ni un momento. Aunque estoy en compañía de otras personas o con las alumnas, mi corazón está siempre unido a Él. (Santa María Faustina Kowalska – Diario – La Divina Misericordia en mi alma)

Gnosticismo moderno

El origen de la desintegración está en el gnosticismo moderno: al negar la politicidad natural del hombre y la naturalidad de la sociedad política, el constructivismo asigna a ésta un fin convencional establecido en su contrato constitutivo que es distinto -no sólo diverso- del fin del hombre. A mi entender, en este momento se producen las dos desviaciones que apuntara Castellano: de un lado, la sustitución del bien común por el “bien/ interés público”, entendido como bien privado de la persona civitatis (variante hobbesiano); del otro, la confusión del bien común con el bien privado de los individuos contratantes, esto es su libertad negativa traducida en los derechos del hombre o la dignidad de la persona (Juan Fernando Segovia – Verbo)

El hombre “estético”

Una vez perdido el sentido del valor de la unidad, la vida social se despeña por el plano inclinado del vértigo provocado por los instintos autonomizados, sobre todo los instintos de placer y de poder. El hombre “estético” -en la clasificación de Kierkegaard-, que vive entregado en exclusiva a las sensaciones placenteras, se ve forzado por ley psicológica a buscar en el cambio fuentes incesantes de gozo. Para cambiar, se requiere poder de disposición, facultad de manipular libremente la propia situación existencial como se maneja un objeto. Esta libertad absoluta de manipulación objetivista es la meta perseguida, en definitiva, a través de la defensa del divorcio. (Alfonso López Quintás – Manipulación del hombre en la defensa del divorcio)

¿Qué es amar?

Ahora bien: ¿Qué es amar? Amare est velle bonum, dice la filosofía: “Amar es querer bien a quien se ama”. ¿Y a quién dice la caridad que se ha de amar o querer bien? Al prójimo, esto es, no a tal o cual hombre solamente, sino a todos los hombres. ¿Y cuál es este bien que se le ha de querer para que resulte verdadero amor? Primeramente el bien supremo de todos, que es el bien sobrenatural: luego después, los demás bienes de orden natural, no incompatibles con aquél. Todo lo cual viene a resumirse en aquella frase “por amor de Dios”, y otras mil de análogo sentido. (Sardá y Salvany – El liberalismo es pecado)