Jesús en el huerto de los olivos y SatanásSan Pablo: “Por lo que respecta a la Venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis alterar tan fácilmente en vuestro ánimo, ni os alarméis por alguna manifestación del Espíritu, por algunas palabras o por alguna carta presentada como nuestra, que os haga suponer que está inminente el Día del Señor.  

Que nadie os engañe de ninguna manera. Primero tiene que venir la apostasía y manifestarse el Hombre del pecado (anthrópos tés hamartías), el Hijo de perdición (ho huios tés apóléias), el Adversario (ho antikéimenos) el que se levanta (ho huperairómenos) sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto (la religión), hasta el extremo de sentarse él mismo en el Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios.  

¿No os acordáis que ya os dije esto cuando estuve entre vosotros? Vosotros sabéis qué es lo que ahora le retiene, para que se manifieste en su momento oportuno. Porque el misterio de la iniquidad (mysteríon tés anomías) ya está operando (édé energéitai). Tan sólo con que sea quitado de en medio el que ahora le retiene,  entonces se manifestará el Impío (ho ánomos), a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la Manifestación de su Venida.  La venida del Impío estará señalada por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros, señales, prodigios engañosos,  y todo tipo de seducción de injusticia (apaté adikías) en daño de los que se han de condenar por no haber aceptado el amor de la verdad que les hubiera salvado.  

Por eso Dios les envía un poder seductor que les hace creer en la mentira, para que sean condenados todos cuantos no creyeron en la verdad y prefirieron la injusticia (té adikía).  

Nosotros, en cambio, debemos dar gracias en todo tiempo a Dios por vosotros, hermanos, amados del Señor, porque Dios os ha escogido desde el principio para la salvación mediante la acción santificadora del Espíritu y la fe en la verdad”.