Papa San Juan Pablo II

Padre Pío dando la ComuniónEl apóstol nos ofrece la vía de la concreción del Espíritu de Dios, que no va de fantasías: no es lo mismo decir y hacer. Si tienes el Espíritu de Dios harás cosas buenas. Y el apóstol Juan dice una cosa muy sensata: “Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve”. Si no eres capaz de amar lo que ves, ¿cómo vas a amar lo que no ves? ¡Eso es pura fantasía! Debes amar lo que ves, lo que puedes tocar, lo que es real, y no las fantasías que no ves. Si no eres capaz de amar a Dios en lo concreto, no es verdad que amas a Dios.

Cardenal Raymond Leo Burke

Toda esta situación me lleva a reflexionar cada vez más sobre el mensaje de la Virgen de Fátima que nos advierte del mal de la apostasía de la fe dentro de la Iglesia, un mal más grave que los daños gravísimos causados por la difusión del comunismo ateo. El n. 675 del Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que “antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes” y que “la persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra desvelará el misterio de iniquidad bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad”.

Cardenal Angelo Becciu

Estos nueve jóvenes, seminaristas de la Archidiócesis de Oviedo, estaban convencidos de su vocación al sacerdocio ministerial, comprometidos sinceramente en un camino formativo para convertirse en fieles servidores del Evangelio. Entusiastas, cordiales y devotos, se dedicaron por completo al estilo de vida del Seminario, hecho de oración, de estudio, del compartir fraterno, de compromiso apostólico. Siempre se mostraron decididos a seguir la llamada de Jesús, a pesar del clima de intolerancia religiosa, siendo conscientes de las insidias y de los peligros a los que se enfrentarían.

Cardenal Gerhard L. Müller

Existe una gran confusión hoy cuando hablamos de Lutero, y debe decirse claramente que, desde el punto de vista de la teología dogmática, desde el punto de vista de la doctrina de la Iglesia, no fue una reforma sino una revolución. Una revolución, es decir, un cambio total de los cimientos de la fe católica.

Cardenal Carlos Osoro

Un tiempo para vivir, acrecentar y contagiar esperanza. Estemos atentos a lo que nos pide el Señor en la Palabra que la Iglesia nos regala en esta época: asumimos el compromiso de prepararnos para llevar a esta historia la novedad de Jesucristo y así construir una sociedad más humana. Qué bien lo expresa san Pablo: “El amor de Cristo nos apremia” (2ª Co 5, 14); “¡Ay de mí si no anunciara el Evangelio!” (2ª Co 9, 16).

Obispo Mario Moronta, carta a Maduro

Yo me imagino que nunca le habrán señalado cómo en nuestra región tachirense se siguen aumentando las colas para adquirir la gasolina (hasta 48 horas se necesita para “tanquear” un vehículo). El contrabando de combustible es escandaloso y casi “irreversible”, porque quienes tienen la misión de velar por la protección del pueblo o se hacen de la vista gorda o, sencillamente, tienen parte en el negocio. Sería bueno que el SEBIN, en vez de andar persiguiendo a quienes piensan diferente al Gobierno, se dedicaran a hacer labores de auténtica inteligencia: así podrían descubrir la presencia de grupos irregulares en el país, particularmente en nuestra región tachirense.

San PÍO X

Pascendi Dominici Gregis  (96)

Nosotros, ciertamente, Venerables Hermanos, para quienes la verdad no es más que una, y que consideramos que los Libros Sagrados, como escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios por autor, aseguramos que todo aquello es lo mismo que atribuir a Dios una mentira de utilidad u oficiosa, y aseveramos con las palabras de San Agustín: Una vez admitida en tan alta autoridad alguna mentira oficiosa, no quedará ya ni la más pequeña parte de aquellos libros que, si a alguien le parece o difícil para las costumbres o increíble para la fe, no se refiera por esa misma perniciosísima regla, al propósito o a la condescendencia del autor que miente.