Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Sentido misionero de la conquista y colonización de América (42)

La conquista y colonización de América fue la vocación heroica y providencial de España, a la que generosamente supo ella corresponder

Reyes Católicos y la rendición de Granada

“¡Excelsos destinos los de España en la Historia! Dios quiso probarla con el hierro y el fuego de la invasión sarracena; ocho siglos fue el baluarte cuya resistencia salvó a la cristiandad de Europa; y Dios premió el esfuerzo gigante dando a nuestro pueblo un alma recia, fortalecida en la lucha, fundida en el troquel de un ideal único, con el temple que da al espíritu el sobrenaturalismo cristiano profesado como ley de la vida y de la historia patria. El mismo año en que terminaba en Granada la reconquista del solar patrio, daba España el gran salto transoceánico y empalmaba la más heroica de las reconquistas con la conquista más trascendental de la Historia”.

(Cardenal Gomá, 12-X-1934.)

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“Gracia singular”, “vocación heroica y providencial”, “nación elegida por Dios” son las principales expresiones que el Papa de la Hispanidad emplea para señalar la heroica misión de España en el Mundo Nuevo.

Cada pueblo—puede deducirse así de la economía, providencial del mundo—tiene una misión que cumplir dentro de la comunidad de naciones. A partir del pueblo judío, “semen Israel”, encargado por Dios de preparar el advenimiento del Mesías al mundo, todas las naciones católicas han recibido de Dios una vocación especial. La misión de España—según la enseñanza de Pío XII, que no hace en esto sino seguir las huellas de sus antecesores—está ligada a la fe, y parece ser la de defender, dentro y fuera de su solar patrio, la verdad católica, y la de haber dado a luz para la Iglesia nuevos pueblos y nuevas naciones.

Pío XII lo exponía ya con certera palabra en su primer contacto con España, pocos meses después de su elevación al Supremo Pontificado.

“Los designios de la Providencia, amadísimos hijos, se han vuelto a manifestar una vez más sobre la heroica España. La nación elegida por Dios como principal instrumento de evangelización del Nuevo Mundo y como baluarte inexpugnable de la fe católica, acaba de dar a los prosélitos del ateísmo materialista de nuestro siglo la prueba más excelsa de que, por encima de todo, están los eternos valores de la Religión y del espíritu”.

(Radiomensaje a España al acabar la Cruzada de Liberación, 16-IV-1939.)

Y dos años más tarde, Su Santidad volvía a hablar de la doble misión de España en el mundo, “gracia singularísima” que Dios le había concedido como premio a la fidelidad de su pueblo a los representantes de Dios sobre la tierra.

“Porque siempre, junto a los clarísimos Padres de los Concilios españoles y los Obispos sucesores suyos, florecieron nobilísimos sacerdotes formados en su doctrina y ejemplos, dignos de suma alabanza por la virtud de su piedad y el brillo de su ciencia; los cuales fueron, por cierto, sal y luz del pueblo español, a quien Dios, dador de todo bien, concedió la gracia singular de ser por muchos siglos el defensor de la fe y de la religión, y luego, el pregón del Evangelio para los pueblos nuevamente descubiertos; lo cual opinamos que fue precisamente un premio divino a la perpetua fidelidad que cuidadosamente guardaron los fieles a su clero”.

(Carta a los Obispos españoles sobre la reorganización, de los Seminarios, 29-VI-1941).