Notas, 87-92

Jesús crucificado y niño87 – Acosta: “La mayoría de los éxitos terapéuticos parecen haber sido con bisexuales más que con homosexuales exclusivos. El uso combinado de psicoterapia y técnicas específicas de conducta pareciera ofrecer alguna promesa de adaptación heterosexual con cierta clase de pacientes” (p. 9).

88 – Davison: “…aunque uno pudiera demostrar que la preferencia sexual podría ser modificada por una experiencia de aprendizaje negativo, queda la duda de cuán pertinentes son esos datos a la cuestión ética de si uno debiera envolverse en regímenes de cambio de conducta. La sencilla verdad es que los datos sobre la posible eficacia son muy sin importancia. Aún cuando pudiéramos efectuar ciertos cambios, tendríamos que considerar la pregunta de fondo de si debiéramos hacerlo. Yo creo que no debiéramos” (p. 96). “Programas terapéuticos de cambio de orientación debieran ser eliminados. El que se encuentren disponibles confirma el prejuicio de la sociedad y de profesionales contra la homosexualidad, a pesar de la aparentemente creciente retórica sobre su normalidad…” (p. 97).

89 – Gittings: “La comunidad homosexual ve los esfuerzos de cambiar a los homosexuales a la heterosexualidad, o a moldear jóvenes, posiblemente más maleables, de la homosexualidad a la heterosexualidad… como un asalto a nuestra gente, comparable al genocidio”.

90 – Begelman: “Los efuerzos de terapia behaviorista (de comportamiento) de reorientar a homosexuales hacia la heterosexualidad por el hecho de existir constituye un elemento causal de refuerzo a la doctrina social de que la homosexualidad es mala” (p. 180).

91 Begelman: “Mi recomendación de que los terapeutas de conducta (behavioristas) consideren abandonar la administración de técnicas de reorientación sexual se basa en las siguientes consideraciones. La administración de estos programas refuerza la idea de la sociedad sobre la homosexualidad. El significado del acto de proporcionar servicios de reorientación es otro elemento más en un vínculo causal de opresión” (p. 217).

92 – Murphy: “No habría técnicas de reorientación si no hubiera la interpretación de que el homoeroticismo es un estado inferior, interpretación que de muchas maneras continúa siendo definida médicamente, forzada criminalmente, sancionada por la sociedad y justificada por la religión. Y es en esta interpretación moral, más que en la teoría médica dominante hoy en día, que todos los programas de reorientación sexual tienen su origen y su justificación común” (p. 520).

Declaración sobre la homosexualidad de la Asociación Médica Católica