José Luis Jerez Riesco

Crucifijo - manosLa Masonería, donde tantos vestigios e influencia de procedencia judaica se hallan en su pensamiento, simbolismo y rituales, se ha posicionado, durante la edad moderna y contemporánea, como enemiga endémica de España y de la Hispanidad, habiendo tenido un poder decisivo en el quebrantamiento independentista de las ficticias repúblicas ultramarinas de América y Filipinas, que fraccionaron y descuartizaron, con su emancipación, el Imperio solar Hispánico. Los cabecillas criollos Benito Juárez, San Martín, Francisco Miranda, Simón Bolívar, O’Higgins, Santander, Nariño, Hidalgo, Morelos…, y todos los que se alzaron y traicionaron a España, su Patria común, estaban manipulados por las respectivas Obediencias de las fatídicas logias que frecuentaban, apoyados por sus hermanos masones, fundamentalmente de Inglaterra, que buscaban aniquilar el Imperio.

Que la Masonería, en sus dos principales vertientes, la francesa y la inglesa, siempre han generado y engendrado odio contra España, como Patria común e indivisible, no es ninguna revelación. Hoy, se vuelve hablar, en terminología masónica, de “Estado Federal” y del “carácter plurinacional del Estado” y se están fomentando e incubando nacionalismos secesionistas, dentro de la Península Ibérica, para romper y fragmentar en pedazos el territorio nacional. Los nacionalismos periféricos, en sus diferentes versiones republicanas, sólo pretenden la disolución de España, otra de las aspiraciones de los ataviados con el mandil, de los “guardadores del secreto”, cuya razón de ser y existir del secretismo que les inspira, para embaucar a los inocentes desprevenidos, es su propio “secreto”, tan celosamente custodiado e impenetrable, pues la Masonería, sépase bien, es una falsa y supuesta “sociedad filantrópica”, donde sus adeptos se afanan en penetrar y descubrir algo inexistente, pues, el talismán secreto de la misma es la carencia absoluta de misterio oculto.

En España se pueden atisbar rasgos masónicos, con diferente intensidad, en el mundialismo globalizante; en la invasión del relativismo; en determinados títulos disolventes y artículos de la Constitución; en el sistema impuesto de pensamiento acrítico, individualista o nihilista; en la pérdida de la identidad nacional; en la exigencia de derechos, sin obligaciones; en el ficticio y ridículo ecologismo de parodia; en el falso progreso que se vende como mercancía averiada; en el galopante laicismo; en determinados grupos de presión; en las consignas y campañas de intoxicación de determinados medios de comunicación controlados por la secta de la escuadra y el compás; en la retaguardia de las inmigraciones salvajes y potenciadas desde el poder; en las falsas ideologías de género y la lucha artificial de sexos; en las tapaderas de la pederastia; en los movimientos separatistas; en el anti españolismo militante que degenera en los ultrajes a los símbolos nacionales, como el himno y la bandera de España y, sobre todo, en marcar, deliberadamente, la hoja de ruta de un mundo cada vez más alejado de Dios.

(AFÁN)