¡Feliz y Santa Navidad!

Padre Manuel Martínez Cano mCR.

El nacimiento de JesúsSan Lucas narra el nacimiento de Jesús en el capítulo segundo de su Evangelio, versículos 1-20: “Y sucedió que mientras estaban allí, le llegó a Ella el tiempo de parto y dió a luz a su primogénito lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada” (6-7).

En el primer punto de su meditación, San Ignacio de Loyola nos recuerda que “debemos ver las personas, es a saber, ver a Nuestra Señora y a Josef y a la ancila y al niño Jesú, después de “ser” nacido, haciéndome yo un pobrecito y esclavito indigno, mirándolos, contemplándolos, y sirviéndolos, en sus necesidades, como si presente me hallase, con todo acatamiento y reverencia posible; y después reflectir en mí mismo para sacar algún provecho”.

De Nazaret a Belén hay unos 120 km. José y María se pusieron en camino para empadronarse, obedeciendo el decreto de Augusto, pagano y usurpador, sujeto a errores y miserias pero la autoridad en aquellos tiempos. San Ignacio nos dice que la Virgen iba “asentada en una asna”.

Llegan a Belén y por no haber lugar para ellos en la posada, se refugiaron en una cueva de las afueras. Un lugar para los animales, lleno de inmundicias que San José va sacando hasta dejarlo limpio. “vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”, nos dice San Juan: “Parió a su Hijo primogénito y lo envolvió en pañales y lo puso en el pesebre”, nos recuerda San Ignacio.

La Virgen María estaba en oración altísima cuando, llegada la hora, como el rayo de sol pasa por un cristal sin mancharlo ni romperlo, el Niño Jesús salió del claustro virginal de la Niña Hermosa de Nazaret dónde vivió nueve meses. La Virgen con veneración y amor encendido, lo recibió en sus brazos, lo estrechó contra su pecho, lo adoró con profundo respeto, le besó con cariño maternal y le envolvió en pañales pobres y limpios ¡Hijo mío y Dios mío! San José contemplaba la escena con admiración estática.

Misterio incomprensible y conmovedor: Dios hecho Niño. La Omnipotencia divina reducida a suma impotencia; el dueño del Cielo y la Tierra sin una cuna donde ser colocado ¡Un establo es el palacio del Hijo de David! ¡Un pesebre, el trono del Hijo de Dios!

Jesús unió en la cueva de Belén dos cosas que el mundo tiene por inconciliables ¡pobreza y felicidad! Sí, la pobreza de espíritu, el desasimiento del corazón de todas las cosas son necesarias para alcanzar la felicidad en este valle de lágrimas. Y la humildad. Qué difícil es este anonadamiento en esta vida, sobre todo cuando se tiene conciencia del valer propio ¡Jesús hazme humilde como Tú!

¡Qué felicidad poder haber estado allí y besar al Niño Jesús! ¡Qué digo! A Jesús lo recibimos cada día en la Comunión. Y no nos volvemos locos. Ni santos. Pidamos a la Virgen Santísima que nos alcance la gracia de ser humildes y santos en este mundo de locos y endemoniados.

¡Viva el niño Jesús! ¡Viva la Niña Hermosa de Nazaret! ¡Viva San José!