¡Feliz y Santa Navidad!

Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

La Hispanidad, firme y prometedora realidad (5)

“Países ilustres por su adhesión a la religión” (2)

La Asunción de la Virgen a los Cielos

En un precioso discurso a Chile, Pío XII vuelve a hablar de las cualidades religiosas del linaje hispano.

Notemos de pasada cómo el Papa, en ésta y en otras ocasiones, evita el empleo de la palabra “raza”, que ha ido frecuentemente unida a lamentables doctrinas anticristianas, sustituyéndola sistemáticamente por el término “estirpe”. Como si quisiera, por este peculiar lenguaje, expurgar el concepto de esa humana realidad constituida por el origen de una sangre común, concepto bueno y aprovechable en sí, del error racista que mancha al legítimo aprecio de la herencia racial con una injuriosa repulsa de las demás estirpes. Recordemos también a este propósito que, dirigiéndose a Colombia, el Santo Padre había mentado accidentalmente un “don de lo alto a una progenie de su predilección”.

Aquí recuerda las clásicas virtudes de los pueblos hispánicos: piedad robusta y sincera devoción.

“Por un designio singular de la divina Providencia os halláis reunidos en esa ciudad de Concepción, clausurando el primer Congreso Mariano Nacional de la República de Chile, precisamente ahora, cuando casi resuenan todavía en el aire los ecos jubilosos de las campanas del mundo entero, que saludan a la Virgen María en el misterio de la Asunción, y cuando acabamos de cerrar este memorable Año Santo…

Para un espíritu superficial podría parecer una mera y fortuita coincidencia; pero vosotros pensáis que no es así. Antes bien, en vuestro legítimo entusiasmo de estos momentos consideráis que todo ello no es más que un premio a la piedad y a la sincera devoción de una estirpe, cuyas memorias no se podrían repasar sin hallar estampado, a la cabeza de todas sus páginas, el nombre dulcísimo de María…”

(Radiomensaje al I Congreso Mariano de Chile, celebrado en la Ciudad Concepción, 31-XII-1950).

Semejantes afirmaciones las encontramos en decenas de discursos del llorado Papa. Una alusión encantadora a los valores espirituales de estos pueblos se halla en las palabras que dirigió Su Santidad al grupo hispanoamericano que asistió al I Congreso Latino de Oftalmología.

“Si pudiéramos hablar así, os diríamos que vosotros sabéis perfectamente “con qué buenos ojos” el Papa mira todo ese bloque de naciones que reza en castellano y que continuamente quiere distinguirse por su adhesión a la Santa Madre Iglesia, por su amor al Vicario de Cristo. En Nuestro corazón de Padre no falta nunca la justa correspondencia a tan filiales y sentidos afectos. Y cuando, como en la ocasión presente, se puede testimoniar de modo especial incluso vuestra competencia científica y profesional, vosotros sabéis con cuánto placer vuestro Padre, el Vicario de Cristo, aprovecha la oportunidad para hacerlo”.

(Discurso al I Congreso Latino de Oftalmológica. Del fragmento dirigido a los representantes hispano-americanos, 12-VI-1953).

Y el Papa, siempre paternal, gusta de decir a cada una de las naciones del bloque, que admira la fe y la religiosidad de sus hijos, y que cuenta con su cooperación para hacer el “Mundo mejor”.

A marinos chilenos les exhorta: ¡Nobleza obliga! Pertenecéis a una “estirpe” de profunda religiosidad. Sabed ser por esos mares dignos representantes de la Hispanidad.

“Dejadnos, pues, decir que vuestro nombre de chilenos coincide perfectamente con vuestro título de marinos; pero dejadnos igualmente añadir, como una natural consecuencia, que vuestro apelativo de marinos chilenos es, además de una ejecutoria de honor, un serio compromiso adquirido ante vuestra conciencia y ante vuestra, patria, no solamente para su protección y defensa, sino también para pasear con gloria por todos los mares y todos los puertos el nombre de una estirpe, que siempre se ha distinguido por su caballerosidad, por su espíritu leal, abierto y emprendedor, y por una profunda religiosidad, que la han hecho digna de ocupar un puesto distinguido en el seno de la familia católica”.

(A los guardiamarinas chilenos del buque-escuela Esmeralda, 20-V-1956).