Padre Manuel Martínez Cano mCR.

Sagrada Familia - Adoración de los Reyes MagosSan Mateo narra la adoración de los Magos de Oriente al Niño Jesús en el capítulo 2 de su Evangelio, versículos 1-12. “Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo… Entraron en la casa, vieron al Niño con María, su Madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino”.

Muchos vieron la estrella especial pero sólo los Magos de Oriente la siguieron con toda diligencia. Era una aventura difícil por los kilómetros que habían de hacer. Si partieron de Persia, el viaje era de cuatro meses; si de Caldea, unos dos meses; si de Arabia, más corto. Pero duro, con molestias; dejaron su vida cómoda y siguieron a la estrella.

Cuando llegan a Jerusalén, como están seguros que un rey ha de nacer en un palacio real, allá fueron. Y preguntaron: “¿Dónde está el nacido Rey de los judíos?” Herodes se turbó, le pudo el miedo. Muchos de nuestros contemporáneos sienten miedo cuando oyen hablar de Jesucristo, de su doctrina. Les han engañado. Jesús es Dios hecho hombre. Nuestro Redentor. Nos ama infinitamente. Nunca nos pedirá nada que no podamos hacer, ayudados con su gracia santificante.

Los doctores y sacerdotes, consejeros de Herodes, dijeron a los Magos donde nacería el Señor. Y siguieron su camino. Herodes se quedó en su palacio. Debemos ser coherentes al enseñar a otros el camino del Cielo: “¡No sea que predicando a los demás la doctrina de la santidad me vea yo condenado!” (1ª Corintios 9, 27). Cumplamos siempre la voluntad de Dios.

Los Magos se extrañaron al ver que la estrella se detenía sobre una modesta casa, no sobre un palacio, como corresponde a un rey. Nosotros sabemos que la Santísima Trinidad vive en el alma que está en gracia de Dios. Es el palacio que más le gusta a Jesús.

Le ofrecieron sus regalos: oro, como Rey; mirra, como hombre; incienso como Dios. ¡No seamos mezquinos! No ofrezcamos a Jesús lo que nos sobra. Lo mejor para Él aunque nos cueste, aunque nos parezca necesario. Las Misiones de la Iglesia en todo el mundo necesitan nuestros donativos. Seamos generosos. Muy generoso.