Beato Isidoro de San José de Loor

Nació en Vrasene, Flandes Oriental, Bélgica, en el seno de una familia de granjeros. Fue un joven robusto, activo y sociable; ayudaba a la familia trabajando en el campo y el invierno con el tico como obrero de la empresa de pavimentación de las calles; cantaba en el coro de la parroquia y también era catequista de las parroquias de Saint Gilles y Vrasene. Participaba asiduamente en la vida de la parroquia, se inscribió a la “Pía unión por el Vía Crucis semanal” y amaba meditar la pasión de Jesús.

Mientras iba madurando la idea de ser religioso. Un sacerdote redentorista lo encaminó hacia los pasionistas por su amor a Jesús Crucificado. En abril de 1907, a los 26 años de edad entra en el noviciado pasionista de Ere como religioso hermano. Sufrió mucho por la separación de su familia y padeció un malestar, él que hablaba flamenco, debía hablar en francés, la lengua oficial en el convento. En 1907 tomó el hábito pasionista y un año después emitió la profesión religiosa. Estaba feliz por su vocación. Su vida no cambió mucho; habituado desde su familia a ser un apóstol continuó a serlo también en el convento. Humildad y paciencia fueron sus virtudes.

Su vida fue una continua búsqueda de la voluntad de Dios; sobre ella extendió su jornada y en ella encuentra paz y serenidad, en una continua acción de gracias. Vive una rígida pobreza. En el convento se dedicará al cuidado de la huerta, la cocina. No faltó el sufrimiento físico.

En junio de 1911, por un cáncer, le fue extirpado el ojo derecho. Soportó todo con grande fuerza. El mal continuó su curso. Padece cáncer en el intestino y el médico advirtió al superior las consecuencias fatales de la enfermedad. El superior hizo consciente a Isidoro, el cual acogió la noticia con la habitual serenidad. Padece dolorosas operaciones. Todo se lo ofreció alegremente a Dios. Nada alteró su habitual bondad y alegría. Se preparó serenamente para recibir la muerte. Murió en Courtrai, Bélgica.