Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

La Hispanidad, firme y prometedora realidad (9)

“La gran Madre de la Hispanidad”

“¿Por qué todas las gentes de Hispanoamérica no podrían bendecir a la Madre España y decirle: “Señora, nos sacaste un día de la idolatría y la barbarie y nos imprimiste una semejanza tuya, que aún perdura después de más de cuatro siglos. Somos la hispanidad, Señora, porque si no formamos un reino único de orden político, pero tenemos idéntico espíritu, y ese espíritu es el que nos une y nos señala una ruta a seguir en la Historia”?”.

(Cardenal Gomá, 12-X-1934).

Nuestra Señora de los Milagros de Caacupé - ParaguayLa sublime y providencial labor de España católica en América fue una labor de maternidad espiritual. En el orden físico es cierto que quien comunica la vida a otro ser adquiere el glorioso título de madre. En el orden social de los pueblos ocurre algo parecido: la nación que proporción a otra los elementos propios de la vida intelectual y cristiana, merece también con todo derecho el calificativo de madre del pueblo engendrado a dicha vida. Tal es el caso de España respecto de América, a la que alumbró a la vida social, a la vida cultural y, sobre todo, a la vida sobrenatural. Por eso los pueblos americanos llaman cariñosamente a España la Madre Patria. Y es justo, ya que, “como decía el Cardenal Gomá al Paraguay, aplicando al caso las palabras de San Pablo a los Corintios: “Si tiene esta nación diez mil maestros, no tiene más que una madre, España”.

He aquí las hermosas ideas del elocuente purpurado, que nos parece oportuno citar en esta página:

“Unimos nuestros deseos a los vuestros y nos solidarizamos con vuestras oraciones para que Jesucristo Nuestro Señor dé con su gracia el crecimiento, y luego fruto copioso, a la empresa que con su gracia habéis emprendido. Misioneros españoles, mandados por nuestros Obispos, fueron los que evangelizaron el Paraguay; español fue el primer Obispo de la Asunción, el franciscano fray Pedro de la Torre; españoles aquellos jesuitas de las famosas Reducciones y misiones que encontraron la población india esparcida en vida salvaje por los montes y valles de ese bello país y la redujeron a la vida ciudadana, civilizada y cristiana; españoles los que durante dos siglos administraron esas regiones y las imprimieron el sello de la Madre Patria: los nombres de La Asunción, de La Encarnación, del Corpus, de la Concepción, del Pilar, de San Fernando y de tantas otras de vuestras ciudades y comarcas tan netamente españolas, recuerdan la comunidad de espíritu entre España y el Paraguay, que resulta de la paternidad de nuestra nación con respecto a la vuestra en el orden de la civilización y de la fe cristiana. Os podríamos decir hasta cierto punto, Excelentísimo Señor, las palabras del Apóstol: “Si tiene esa nación diez mil maestros, no tiene más que un padre, o una madre, España, porque ella os engendró en Jesucristo”. Por esto hoy, en esta culminación del sentimiento cristiano y de la vida cristiana en el Paraguay, que tiene en este Congreso Eucarístico su exponente, no podíamos faltar (los españoles, que vemos en ello coronada la obra de siglos de influencia de España; y Vos y nosotros, Excelentísimo Señor, el católico pueblo del Paraguay y el católico pueblo español, nos damos el ósculo de fraternidad cristiana, y nos lo damos ante el trono de Jesucristo, nuestro común Padre y Señor, de quien viene el amor divino que nos ha fundido a todos en el mismo amor de fraternidad”.

(Mensaje al Paraguay, con ocasión de su Congreso Eucarístico Nacional 12-VII 1937).

España misionera—que supo fielmente responder a la vocación que Dios se dignó asignarle—es galardonada también por el Papa con el glorioso título de la maternidad; nombre que Pío XII sabe, acompañar de hermosos epítetos.

  • Madre Patria (12-XII-48.)
  • Vieja Madre Patria (16-XII-56).
  • Siempre gloriosa Madre Patria (25-IX-36).
  • La gran Madre Patria, la católica España (27-X-40).
  • Católica y fecunda Madre Patria española (6-III-48).
  • Nación Madre (12-X-46).
  • Madre España (16-VII-46, 12-XI-47, 15-V-49, 18-VI-51).
  • España católica, Madre de pueblos (26-XI-42).
  • Vieja y fecunda Madre de pueblos (31-XII-50).
  • Gran Madre ibérica (23-IX-58).

En otros lugares se podrá ver el contexto con que van enmarcados estos apelativos. Añadamos únicamente el párrafo en que aparece el último y más evocador “Gran madre de la Hispanidad”.

“Hoy, en esta hora solemne, siguiendo principalmente el ejemplo de tantas naciones hermanas vuestras de lengua y de sangre—y de la misma gran Madre de la Hispanidad— habéis decidido saltar a la vanguardia, al puesto de los que no se contentan con menos que con ofrecerlo todo”.

(Mensaje a Argentina, el día de su consagración al Corazón de Jesús, Fiesta de Cristo Rey, 28-X-45) (311).

(311) La consagración oficial de España al Sagrado Corazón, a que hace referencia el Pontífice, se realizó en el Cerro de los Ángeles y por boca de Alfonso XIII, el 30 de mayo de 1919, fiesta de San Fernando de Castilla.