D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

José Guerra Campos - Francisco FrancoPablo VI ha dicho no hace mucho tiempo: “No menoscabar en nada la saludable doctrina de Cristo es una forma de caridad eminente hacia las almas” (7).

Jesús ha afirmado: “La verdad os hará libres” (8). No es lícito renunciar a la confesión de Cristo por complacer a los hombres. Jesús es ”signo de contradicción” (9). Pero Él mismo ha advertido que el que se niegue a confesarle delante de los hombres será negado por Él delante de su Padre (10). Unirse a costa de Él es insensato: Él ha venido a “separar al hombre de los suyos”; “el que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí” (11).

San Juan, el apóstol máximo del amor fraterno -tanto que llegó a decir: “El que dice que ama a Dios a quien no ve, y no ama al hermano a quien ve, es un mentiroso” (12)-, afirma que este amor al hombre está enraizado en el amor de Dios, que se nos manifestó dándonos a su único Hijo. Por tanto, este amor fraterno es inseparable de la confesión de la realidad y doctrina de Jesucristo. Para el apóstol es lo mismo “andar en la caridad” que “andar en la verdad” (13).

(Estoy entreviendo que alguno, al oír hablar de la unidad por la verdad, traerá a la memoria las múltiples discrepancias y confusiones que cree advertir en el seno mismo de la Iglesia. Quizá esté a punto de pronunciar una expresión tempestuosa: asamblea conjunta. Otro día hablaremos de esto.)

Quisiera dejar en alto unas palabras maravillosas de Pablo VI, en la exhortación dirigida a todos los obispos del mundo, al conmemorarse el quinto aniversario del Concilio, para que prediquen la fe pura e íntegra: “Sepamos caminar fraternalmente con todos los que, privados de esa luz que nosotros gozamos, tratan de llegar a la casa paterna a través de la niebla de la duda. Pero si nosotros compartimos sus angustias, que sea para tratar de curarlas. Si les presentamos a Jesucristo, que sea el Hijo de Dios hecho hombre para salvarnos y hacernos participar de su vida, y no una figura totalmente humana, por maravillosa y atrayente que sea” (14).

(8 de mayo de 1972).

Notas:

(7) Encíclica Humanae vitae.

(8) Jn. 8, 32.

(9) Lc. 2, 34.

(10) Mt. 10, 33.

(11) Mt. 10, 35.

(12) 1ª Jn. 4, 20.

(13) 2ª Jn. 6-7. 9; 3 Jn. 4. Léase íntegra la primera carta. Y Jn. 17, 6-8. 17-21. 23.

(14) Exhortación dada el 8 de diciembre de 1970 y publicada el 5 de enero de 1971.