Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

La Hispanidad, firme y prometedora realidad (13)

Hispanoamérica, “unida a la sombra de la Cruz y al amparo de la verdad”, aportará un elemento más a la paz universal (2)

Dios del UniversoEste enlace de pueblos—acaba de decirnos el Papa—será “un elemento de paz en el mundo”. En efecto, la unión hispánica, fundada de hecho y de derecho no en el racismo egoísta, sino, sobre todo, en la religión generosa y en la cultura universal, y destinada no a guerrear por los bienes de esta tierra, sino principalmente a luchar por los bienes más elevados del Reino de Dios en el mundo—como se desprende de la Historia y de la esencia misma de la Hispanidad—, no puede constituir un peligro ni un desdoro para el resto de los hombres, sino al contrario, una benéfica aportación para todos los países de buena voluntad.

Por todo ello, Pío XII ha podido relacionar estrechamente la maternidad de España católica, engendrando a la fe a “multitud de naciones” con su vocación a trabajar en favor de la comunidad internacional de todos los pueblos (318).

(318) Ya en 1951, Pío XII enlazaba, en su discurso al Embajador Castiella, la misión de España como factor de paz en la comunidad internacional, con su obra creadora de pueblos: “No puede existir la menor duda acerca del puesto que, en esta lucha (por la paz), trabada con los más nobles fines, le corresponde a España”. Y Su Santidad corroboraba esta verdad con el recuerdo de la actuación pacífica de España en América (cf. 13-XI-1951).

Muestra así la Cátedra Romana que la Hispanidad no está reñida con otras uniones que vínculos reales y legítimos ha establecido entre otros pueblos, como, por ejemplo, la unión latina, o la unión europea, o, en fin, la comunidad internacional.

“Entre los pueblos preparados y llamados a esta labor en favor de la Comunidad Internacional, España ocupa un lugar preeminente. El catolicismo que ha vivido a través de su historia y el espíritu de renovación con que ahora lo desenvuelve; su fidelidad a las enseñanzas de la Cátedra de Pedro; la difusión de la verdadera fe entre multitud de naciones; ser patria de Francisco de Vitoria y Suárez, de los grandes teólogos juristas del siglo XVI, que supieron enseñar y aplicar, como no lo hicieron otros, las normas del derecho internacional, son motivos para que en la hora presente, de acuerdo con su pasado, continúe trabajando con eficacia y generosidad de ánimo en la urgente empresa de la unión de los pueblos. El Augusto Pontífice, al exhortarles a proseguir…”

(Carta de Mons. Dell’Acqua, en nombre de Su Santidad, a la XVII Semana Social Española, 5-VI-1957).