Exhumación de Franco y Padre Cantera

Rafael López Diéguez

Permitiendo con su silencio cobarde la profanación de una Basílica Pontificia, y de la tumba de un cristiano ejemplar, reconocido por el Papa Pío XII Caballero de la Orden Suprema de Cristo, la mayor distinción a un católico, para congraciarse a saber los porqués, probablemente mitad cobardía y mitad espurios intereses, con sus enemigos acérrimos cuyos ataques no cesarán. Porque quien permite los disturbios para evitar la guerra, tendrá disturbios y guerra. Porque esto es solo el principio.

Pero pese a todo, todavía le queda a España un aliento de vida. Ese hálito de esperanza lo personifica un monje benedictino que ha puesto luz en toda esta tenebrosa situación, defiendo la Verdad, la justicia y cumpliendo con su misión frente a todos, sin un solo apoyo público, abandonado por los suyos, linchado mediáticamente de manera inmisericorde, mostrando una Paz y una firmeza propia de quién lo tiene todo abandonado en Cristo, tal y como hicieron los grandes españoles a lo largo de la Historia y que por tal abandono lograron proezas increíbles al servicio de Dios.

El padre Cantera, perseguido por la jerarquía de su tiempo, al igual que grandes santos de la Iglesia, ha representado en este triste momento, la fe, la dignidad, el valor, en definitiva la grandeza en la humildad frente a la inmensa mezquindad reinante alrededor. Un modelo, un ejemplo a seguir por las nuevas generaciones y para confrontar a la actual.

Tengo el honor de haber acompañado a Franco en 1975 y he tenido el honor de hacerlo también el 24 de octubre, me siento orgulloso de seguir siendo leal y fiel al que todo lo dio por Dios y por España, no habrá ley, ni juez, ni Jerarquía eclesiástica, que también lo intentara, que me haga renegar de mi gratitud y reconocimiento. Y Francisco Franco, que con seguridad ya está gozando en la Patria Celestial de la Gloria eterna, ya dijo que él solo era responsable ante Dios y ante la Historia. Ante Dios ya compareció con una magnífica hoja de servicios. Ante la Historia, pese al tiempo de los cobardes, de los tibios y de los hijos del mal, las banderas victoriosas, volverán. Para siempre. Está escrito. Termino como lo hizo la familia Franco en la bendición del féretro a las puertas del Valle:

¡Viva España!, ¡Viva Franco!

(RAZÓN ESPAÑOLA)