Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

La Hispanidad, firme y prometedora realidad (14)

Hispanoamérica, “unida a la sombra de la Cruz y al amparo de la verdad”, aportará un elemento más a la paz universal (3)

Nuestra Señora de Copacabana - BoliviaA un grupo de pueblos de la Hispanidad, unidos por razones circunstanciales, hablaba Pío XII de “ejemplar hermandad de naciones que tienen un vínculo común”. Se ve a las claras que el Papa favorece todo lo que es unión, porque sabe que es fuerza constructiva. Con tal, a no dudarlo, que se trate de unión en la Verdad católica, donde únicamente se puede encontrar auténtica fraternidad, como él mismo añade.

“Con vosotros están vuestros hermanos venezolanos…, hijos todos de un país de recursos inagotables, de juventud pujante y de un gran porvenir, que dependerá no poco de la parte que en su organización política, intelectual, económica y social se conceda a los eternos principios de la verdad cristiana, siempre presentes en todos los momentos de vuestra historia.

Y con nuestros amadísimos hijos venezolanos, los de Colombia y Perú, los de Bolivia, Ecuador y Panamá, en ejemplar hermandad de naciones que tienen un vínculo común; y con vosotros, las naciones bolivarianas, los representantes de otras muchas europeas y americanas, de la vieja Madre Patria, unidos todos ante un altar, como si quisierais proclamar que solamente ahí es posible una auténtica fraternidad”.

(Radiomensaje al II Congreso Eucarístico Bolivariano, 16-XII-1956).

Pío XII no perdía ocasión de inculcar la licitud y aun la conveniencia de esta solidaridad entre países hermanos. Solidaridad que la misma naturaleza y los hechos providenciales de la Historia han fundamentado, y que, como natural y humana, si está bien orientada, no puede ser sino buena, santa y bendecida por Dios. “Santa y justa hermandad” la llamada el Pontífice en una casual circunstancia en que tuvo ocasión de hablar a diferentes grupos venidos de España y América, y reunidos para escuchar la palabra del Pastor Supremo de la Iglesia.

“Estáis presentes también los peregrinos venidos de España, los hijos de ese pueblo, cuya fe y cuyo fervor se diría que el nuevo Beato ha mirado desde el Cielo con predilección especial, premiándole con numerosas gracias, dos de las cuales son precisamente las que han servido para glorificarle, verificadas en las afortunadas personas de dos buenos hermanos españoles…

Y al lado vuestro, en justa y santa hermandad de apellidos, de lengua y de fe, saludamos igualmente a los peregrinos hispanoamericanos, hijos también de jóvenes pueblos cristianos, esperanza de la civilización y de la Iglesia”.

(A los peregrinos hispanoamericanos que asistieron a la beatificación del Hermano Benildo, 5-IV-1948).