Nuestra Señora de las Lajas - Colombia

Decimos misteriosamente, porque a la inversa de Guadalupe no hay testigos presenciales de la formación de la imagen, y milagrosamente porque su hechura presenta elementos que superan toda racionalidad. Las primeras noticias de su descubrimiento provienen de dos fuentes que nos ubican en el siglo XVIII, alrededor de 1750.

1ª Sitúa los hechos en 1754; Mons. Justino C. Mejía y Mejía, que ejerció su ministerio sacerdotal en Las Lajas durante casi 50 años de 1928 a 1977 los relata en dos libros que elaboró sobre este prodigio.

Las Lajas, al sur de Colombia, está situado entre dos poblaciones: Ipiales, antigua fundación española para adoctrinamiento de los lugareños, y Potosí, caserío indígena separado por el río Guáitara, al que sólo se llegaba por un largo tronco, rudimentario puente, cuando lo había, más aislado que comunicado por el mismo.

María Mueses de Quiñones era una potosina, empleada doméstica en la familia Torresano de Ipiales y madre de una niña sordomuda, Rosita. Yendo a Ipiales por el estrecho sendero marcado a orillas del barranco, enmarañado por la densa vegetación ecuatorial, se sentó a descansar en una especie de cueva formada por una a floración de laja; allí la niña se desprendió de la madre comenzando a trepar por las rocas y de pronto comenzó a hablar diciendo:

¡Mamita, vea esa mestiza que se ha despeñado con un mesticito en los brazos y dos mestizos a los lados!

Asombrada, pero felicísima, María cargó a la niña, mientras esta seguía diciendo:

¡Mamita, mamita, la mestiza me llama!

Sin hacer caso de las voces de la niña, volvió a Potosí dejándola en casa de sus familiares, retornando a Ipiales para contar lo sucedido a sus patrones, pero éstos no le creyeron. De regreso a su hogar, Rosita había desaparecido en pos del llamado de la enigmática mestiza. Acudió la madre a la gruta y la halló extasiada contemplando la imagen de la Virgen. Llevó la niña a Ipiales y ésta vez sus patrones le creyeron y tanto… que sin reparar en la hora, a eso de las 10 de la noche, fueron todos a golpear en la casa del párroco para informarlo y mostrarle a Rosita; el padre Gabriel Villafuerte, dominico, ya estaba durmiendo; al oír el relato y ver a la niña comenzó a tocar las campanas convocando al vecindario; acudió la gente, y todos munidos de improvisadas antorchas emprendieron el riesgoso camino, primera peregrinación nocturna llegando a eso de las 6 de la mañana del 16 de septiembre de 1754 a la laja maravillosa.

Allí todos arrebatados, contemplaron una figura bellísima de la Virgen con el Niño, ambos coronados; de la mano derecha de Nuestra Señora cuelga un rosario que entrega a Santo Domingo de Guzmán, el fundador de la orden de los predicadores o dominicos y del otro lado el Niño con la cabecita inclinada le ofrece el cíngulo para su sayal a San Francisco de Asís, los dos mestizos que vio Rosita.

2ª La otra fuente de redacción más antigua tiene como autor, a fray Juan de Santa Gertrudis Serra, franciscano, quien en 1775 publico los 4 tomos de Maravillas de la Naturaleza; en uno de ellos refiere sus andanzas por esas regiones de 1756 a 1767 incluyendo el informe que en 1759 le hizo don Ramón, sacerdote español evangelizador radicado en Pasto, cabecera de la diócesis en aquel entonces. Allí se dice que “la Señora con traje de Concepción se apareció ella misma en una laja, de donde tomó su denominación. Luego se cuenta que un penitente austero y piadoso vio como un bosquejo muy delicado de la Virgen en una laja en la otra banda del río y el paraje antes muy desolado empezó a frecuentarse hasta que un sacerdote (¿habrá sido el P. Villafuerte?) mandó poner un puente de palos con lo que aumentaron la devoción, las romerías y también los milagros.

Con estos datos Fray Juan emprendió un viaje desde Pasto hasta Las Lajas de cinco días; llegó hasta la cueva y más que describir a la imagen se explayó contando cómo era la oquedad, las medidas y posición de la laja con la Virgen, el tosco altar elevado y la luz de velas casi permanente a causa de las incesantes peregrinaciones. Conmovido fray Juan redactó un rótulo para la Señora, tal como hacen otros romeros:

La perla más bien pulida
que en fina concha se cuaja
es la Virgen de Las Lajas
en la Laja aparecida