La Virgen de la Teja

En primer lugar se ha de decir que como en la guerra civil desapareció el Archivo Conventual, no podemos precisar el año exacto en que comenzó a formarse la Virgen en el tejo plano y sin brillo (de 15 por 10cm.), que Sor Rosalía usaba para tapar el cántaro de su celda.

Tampoco sabemos por cuánto tiempo ella lo mantuvo en secreto sin comunicárselo a nadie, solo cuando una terrible sequía amenazaba la comarca y sacan en rogativas a la Patrona pero el Cielo no se abre, Sor Rosalía siente el impulso interior de manifestar su secreto a la Comunidad y al Párroco del pueblo: “Hasta que no saquen a mi Virgen, dice, no va a llover”. El Párroco se resistía a sacar una simple teja, pero al fin accedió. Convocó a los fieles y comenzó la procesión. Cuentan las más ancianas que antes de llegar a la primera esquina, el Cielo se cubrió de nubes y comenzó a llover durante varios días. Así las cosechas se salvaron y la Virgen se manifestó al pueblo. Entonces se le hizo la urna donde se venera en la actualidad y así comenzó una gran devoción popular en el pueblo de Villarrobledo (Albacete), que perdura en el tiempo hasta el día de hoy.

Es un hecho constatado por todos, y especialmente por las personas más ancianas; que la Virgen, con el paso de los años va creciendo hacia afuera y definiendo en relieve, cada vez más, sus rasgos. Ella solita va formando una capa de brillo (como si fuera un “barniz”), se pinta ojos, boca, cejas, incluso en el último estudio han descubierto, con lupa de aumento, las pestañas. Pero es un proceso tan lento que apenas es perceptible. Recientemente ha surgido un movimiento de investigación en torno a ella, aplicando a la Teja los últimos avances técnicos para estudiar el fenómeno y comprobar su autenticidad. En el estudio radiológico aparecen en la Virgen las diversas capas de su formación. Y sus rasgos perfectamente definidos

En 1917 una niña de 2 años cae gravemente enferma (Remedios Barnuevo), ya los médicos la dan por muerta. Su madre pone toda su confianza en la Virgen de la Teja y pide a las Monjas Clarisas que, por favor, dejen traerla a la habitación donde yace la niña. Y le hace esta promesa: “Si me la curas; mientras yo viva pagaré una novena en acción de gracias”. La niña recuperó la salud y la familia encargó a un sacerdote de Toledo que compusiera el texto de una Novena en honor de la Virgen de la Teja. Durante más de 60 años se estuvo haciendo en nuestra iglesia la Novena que comenzaba el día de San Francisco y acababa el día del Pilar. Pero al morir Doña Remedios y por diversas circunstancias, dejó de hacerse la Novena.

Hemos podido constatar auténticas conversiones de personas alejadas, enfermos de cáncer que, después de estar en el quirófano anestesiados, han salido sin intervenir, porque el tumor ya no estaba; curaciones de personas al borde de la muerte,…