Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Nuestra Señora de los Treinta y Tres ▬ Uruguay

¡Viva Jesús Sacramentado!
¡Viva y de todos sea amado!

¡Viva María Santísima! ¡Viva!

La Hispanidad, firme y prometedora realidad (20)

Una fraternidad sincera en la verdad histórica (2)

América se independizó por múltiples causas, muchas de ellas de tipo puramente político o económico. Y la principal no hay que buscarla, a nuestro parecer, fuera del deseo natural de independencia que embriaga a todos los pueblos adolescentes. Y es cierto, por otra parte, que no pocos de los patriotas y próceres sudamericanos fueron sinceros católicos, que pretendían precisamente con la separación de España preservar incólumes en sus territorios los principios tradicionales y católicos que los gobernantes liberales de la metrópoli afrancesada conculcaban despóticamente en la península y trataban de inocular después en las colonias. Ramiro de Maeztu dice en este sentido (Defensa de la Hispanidad).

“La aristocracia americana reclama el poder, como descendiente de los conquistadores y por sentirse más leal al espíritu de los Reyes Católicos que los funcionarios del siglo XVIII y principios del XIX”.

“América—en frase del gran, literato católico del Uruguay, Zorrilla San Martín—se emancipó de su metrópoli, no para interrumpir su historia, sino para continuarla, para seguir viviendo su propia vida orgánica secular”. Y el escritor argentino García: Mellid añade: “La revolución emancipadora no fue, como quisieran los liberales, un movimiento insurreccional contra las esencias católicas e hispánicas que configuran nuestra personalidad”.

Buena prueba de esta verdad es que gran parte del clero sano de Indias estuvo por la independencia. En el Congreso de Tucumán la mayoría de los parlamentarios eran clérigos y frailes. Entre los orientales del Uruguay, el primer grito de independencia—como narrará Pío XII—lo lanzó un cura, don Silverio Martínez; y lo mismo acontecía en otras varias regiones de América.

Es indudable, no obstante, que las sectas, en combinación con países interesados en la desmembración del Imperio español, con mirada más inteligente que la de los candorosos patriotas americanos, adivinaban que el fruto sería finalmente para ellos, y por eso se mezclaron decididamente en el movimiento de autonomía con el secreto designio de corregir el rumbo de la; insurrección según sus propios derroteros. Consiguieron al fin sus intentos empezando por sembrar sus errores liberales entre los cabecillas y apoderándose más pronto o más tarde de las riendas políticas de toda Hispanoamérica, la cual ha caminado tristemente durante, más de un siglo bajo su látigo inflexible. Las consecuencias de esta intromisión masónica en el movimiento separatista las vemos en el cúmulo de desgracias, revoluciones y guerras de que ha sido y es víctima el infeliz continente hispano, desde su más temprana edad en el ámbito de la independencia.