José Guerra Campos - Joven

¡Viva Jesús Sacramentado!
¡Viva y de todos sea amado!

¡Viva María Santísima! ¡Viva!

D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

Cualquiera que fuere la causa, sería bueno que, al menos, los sacerdotes recordásemos la prevención de San Pablo a Timoteo, cuando le dejó en Éfeso con el encargo de requerir a algunos “que no enseñasen doctrinas extrañas ni se ocupasen en fábulas…, más a propósito para engendrar vanos problemas que para servir al designio de Dios fundado en la fe” (2).

Con San Pablo sintonizan las reiteradas advertencias del Concilio, del Papa y distintos episcopados, que podrían condensarse en esta confesión de un excelente teólogo francés: “Los sacerdotes no tenemos por misión predicar nuestras dudas, sino predicar la fe” (3).

En otros casos la ambigüedad es intencionada: para dar curso en la Iglesia, al amparo de una significación admisible, a otra que -según repiten en lecciones y escritos- constituye “un nuevo modo de entender la fe”. Se dirá, por ejemplo, que “la fe es vida” -lo cual es muy cierto-; pero se dirá para significar una creación espontánea del creyente, desligada de la verdad transmitida por la Iglesia; se hablará de “desmitificar la fe” -lo que sería tolerable, si por mito se entendiesen las adherencias extrañas que pueda haber en algunas personas–; pero es para vaciar la fe de los hechos sobrenaturales (Encarnación, Resurrección, etc.), que son su misma entraña (4).

Notas:

(2) 1ª Tim. 1, 3-4. Las palabras del apóstol nos ponen delante el empeño actual de algunos en “problematizar”, como ellos dicen, y su inapetencia por el oficio apostólico de “edificar”.

El mismo San Pablo dice a Timoteo en la segunda carta: “Vendrá tiempo en que no sufrirán la sana doctrina; antes, por el prurito de oír, y conforme a sus pasiones, se buscarán maestros y aparcarán los oídos de la verdad” (2ª Tim. 4, 3).

(3) El teólogo Nédoncelle, en el coloquio de Estrasburgo, de diciembre de 1971. El Concilio Vaticano II encarga a los sacerdotes que sean “asertores intrépidos de la verdad, a fin de que los fieles no sean llevados de acá para allá por todo viento de doctrina” (Decreto sobre los presbíteros: PO. 9). Hay sobre esto una excelente instrucción del episcopado alemán. Véanse las exhortaciones doctrinales publicadas en 1971 por el episcopado español.

(4) Otro ejemplo: se dirá sí, como por un resorte automático, a codo cambio de posición; pero sin garantizar si el desplazamiento, calificado siempre de “avance”‘ es en realidad hacia adelante o hacia atrás; sin discernir si el “no” opuesto al “inmovilismo” ataca una parálisis enfermiza, o más bien desacredita la fidelidad vital…