Jesús escribe en el suelo

Padre Manuel Martínez Cano mCR.

Hoy hemos leído el Evangelio de San Juan que narra el momento que los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús. El Señor les dice: “Os he hecho ver muchas buenas obras por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis? Los judíos le contestan: te apedreamos porque tú siendo un nombre, te haces Dios. Jesús les dice si no me creéis a Mí, creed las obras que yo hago (Juan 10, 31-34) para que comprendáis y sepáis que el Padre está en Mí y Yo en el Padre”.

Jesucristo hizo muchos milagros. Resucitó muertos hizo andar a paralíticos, ver a ciegos, oír a mudos; multiplicó panes y peces, calmó tempestades, expulsó demonios. Los evangelios narran unos cincuenta milagros. Milagros tan evidentes que hasta los enemigos de Jesús se vieron obligados a decir: “¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos milagros” (Juan 11, 47).

Jesucristo predijo varios acontecimientos que se cumplieron puntualmente. Profecías acerca de su Pasión, Muerte y Resurrección; sobre el pueblo judío; sobre la ciudad de Jerusalén y su templo. Estas profecías y milagros manifiestan la divinidad de Jesucristo. Solo Dios puede hacer milagros y predecir el futuro.

En la Iglesia Católica han sucedido y siguen sucediendo miles de milagros. No solamente en Fátima y Lourdes. En otros lugares también. Para la canonización de un santo es necesario que se presenten y estudien científica y teológicamente dos milagros ocurridos por la intercesión del santo.

La Iglesia fundada por Cristo ha sido perseguida a muerte desde los inicios de su fundación. Los enemigos de Cristo han querido destruir su Iglesia desde sus mismos orígenes.

El Sanedrín judío mandó apresar a los Apóstoles y después de torturarlos les prohibieron predicar el Evangelio. Sólo el sanedrita Gamaliel salió en su defensa: “Dejad a estos hombres, dejadlos; porque si esto es consejo u obra de hombres, se disolverá; pero si viene de Dios, no podréis disolverlo, y quizá algún día os halléis con que habéis hecho la guerra a Dios”. (Hch. 5, 38-39).

No hay en el mundo nada más grande y admirable que la Iglesia Católica. A pesar de las terribles persecuciones que ha padecido en dos mil años de historia: Sinagoga, Imperio Romano, Bárbaros, Islam, Cismáticos, Modernismo, Herejías, Protestantes, Revolución Francesa, Liberalismo, Socialismo, Comunismo, Masonería, sectas,… la Iglesia siempre ha triunfado y siempre triunfará.

No ha habido institución más perseguida que la Iglesia Católica, ni tampoco más victoriosa. Los grandes imperios y sus crueles perseguidores han pasado, pero la Iglesia sigue en pie.

Nuestro Señor Jesucristo prometió que la Iglesia perduraría hasta el fin del mundo a pesar de que los poderes del infierno quieran destruirla. La Iglesia podrá ser combatida, pero jamás vencida.

¡Viva Cristo Rey! ¡Viva María Reina! ¡Viva la Iglesia Católica!