Dios creó Adán y Eva

Padre Manuel Martínez Cano mCR.

Hace bastantes años me dijeron que hiciese unas lecciones de religión para uso interno. Puse sobre la mesa varios libros y fui haciendo lecciones. Esta es parte de una de ellas. No extrañe a nadie que haya leído algo del tema.

DIOS CREÓ A LOS ÁNGELES

La Sagrada Escritura revela la existencia de los ángeles, cuya misión es dar gloria a Dios. Como servidores y mensajeros de Dios, son los encargados de traer sus mensajes a los hombres.

“Expulsó Yahvé al hombre y puso delante del jardín del Edén un querubín, que blandía flameante espada para guardar el camino del árbol de la vida” (Gen 3, 24).

El Arcángel San Gabriel anunció a la Virgen que iba a ser la Madre de Dios (Lc 1, 26).

La naturaleza angélica es puramente espiritual, es decir, libre de toda materia. Los ángeles son espíritus superiores al hombre en inteligencia, voluntad y poder.

Aunque muchas veces los ángeles se han aparecido en forma corporal, los ángeles no se unen personalmente con la figura corporal en que aparecen.

De la pura espiritualidad de la naturaleza angélica se deriva su inmortalidad. La Sagrada Escritura dice: “Los resucitados ya no pueden morir, pues son semejantes a los ángeles” (Lc 20, 36).

La felicidad celestial de los ángeles buenos y el sufrimiento infernal de los ángeles malos es eterna: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles” (Mt 18, 10).

Dios destina a cada persona un Ángel de la Guarda para que nos guarde en la tierra y nos guíe hacia el Cielo.

DIOS CREÓ AL HOMBRE Y LA MUJER

El génesis narra la creación del hombre y la mujer en forma poética y sencilla.

Dios cogió barro y modeló un cuerpo humano al que insufló un espíritu y formó al hombre. La mujer que Dios formó de la costilla del hombre y presentó a éste despertó en Adán un grito de admiración, una exclamación de amor y de comunión: “Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne” (Gen 2, 23). El hombre descubrió en la mujer como otro “yo”, de la misma naturaleza.

El hombre y la mujer tienen la misma dignidad: ser “imagen de Dios”. En su “ser-hombre” y su “ser-mujer”, la humanidad refleja la sabiduría y bondad del Creador.

Dios no es hombre ni mujer. Dios es espíritu puro. Pero las perfecciones del hombre y de la mujer reflejan algo de la infinita perfección de Dios.

Por haber sido creado a imagen y semejanza de Dios, el ser humano tiene la dignidad de persona, no es solamente algo, sino alguien.

La persona humana es capaz de conocerse, de poseerse, de darse libremente y entrar en comunión con otras personas.

El hombre y la mujer son llamados, por la gracia divina, a una alianza con su Creador, a ofrecerle una respuesta de fe y de amor que ningún otro ser puede dar en su lugar.

Dios creó todo para el hombre, pero el hombre fue creado para servir y amar a Dios y para ofrecerle toda la creación. Por esta razón el misterio del hombre no puede explicarse sin Dios.

Porque Dios “creó, de un solo principio, todo el linaje humano” (Hch 17, 26), todos los hombres y mujeres somos verdaderamente hermanos.

NATURALEZA DEL HOMBRE

El hombre es un animal racional, compuesto de alma y de cuerpo, creado por Dios a su imagen y semejanza.

El hombre es la única criatura de la tierra a la que Dios ha amado por sí misma. Sólo el hombre está llamado a participar, por el conocimiento y el amor, de la vida de Dios.

La persona humana, creada a imagen de Dios, es un ser a la vez corporal y espiritual. El relato bíblico expresa esta realidad cuando afirma que “Dios formó al hombre con polvo del suelo e insufló en sus narices aliento de vida y resultó el hombre un ser viviente” (Gen 2, 7).

El principio espiritual que informa al cuerpo es el alma. La unidad del alma y del cuerpo es tan profunda que se debe considerar al alma como la “forma” del cuerpo. Gracias al alma espiritual el cuerpo es un cuerpo humano y viviente.

El cuerpo no puede subsistir sin el alma, pero el alma puede subsistir sin el cuerpo porque es espiritual.

El alma es espiritual porque, en su ser y en sus operaciones, es independiente de la materia. De la espiritualidad del alma, se sigue que ha sido creada por Dios, porque siendo esencialmente espiritual el alma no ha podido empezar a existir por generación o evolución corporal, sino precisa y necesariamente por creación inmediata de Dios, ya que de la materia no puede salir ningún ser espiritual.

Cada alma es creada por Dios en el momento de ser infundida en el cuerpo. Este momento es el primer instante de la concepción, cuando el niño comienza a vivir en el vientre de su madre.

El alma es libre por la facultad que tiene de elegir o determinarse por sí misma.

El alma es inmortal porque es simple y espiritual y, por consiguiente, incorruptible porque no tiene partes distintas que puedan corromperse.